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PRESENCIA VASCA EN LA ARMADA ESPAÑOLA (IV) dos años dejando en su profesión «fama de hábil, bizarro y organizador» (4). Durante la Guerra de los Treinta Años combatió contra holandeses y franceses. En varias ocasiones estuvo al mando de la Escuadra de Guarda de la Carrera de Indias, enfrentándose a corsarios, piratas y filibusteros en las Antillas. Participó en siete combates navales y en dos terrestres. En 1652 mandó una de las divisiones de la escuadra de Dunkerque que batió a la escuadra francesa durante el sitio de La Rochela. A finales de 1662 se le entregó el mando de la Flota de Tierra Firme, con la promesa de que, a su regreso, se le otorgaría la Grandeza de España. Zarpó de la bahía de Cádiz rumbo a Tierra Firme, pero, a unas 100 millas de la costa, le sobrevino la muerte el 16 de noviembre de 1662. Su fallecimiento fue tan sentido por todos que la flota quedó al pairo durante tres días, mientras se decidía si regresaban para darle cristiana sepultura, pero, finalmente, fue sepultado en la mar. Hay una carta firmada por el rey que dice: «Por la carta de la Marquesa de Villarrubia, vuestra madre, he entendido del fallecimiento del Conde de Villalcázar de Sirga, vuestro padre, de que me he desplacido por haber fallecido un tan buen vasallo y he holgado de que vos hayan subcedido en su lugar, teniendo por cierto que me serviréis con el afecto y celo que él lo hizo y sus antecesores» (5). Escribió, entre otras obras, Instrucciones para la navegación y el combate, así como Discurso sobre el estado de la Marina en España y Relación del dinero empleado en Tierra Nueva. Recibió el hábito de caballero de Calatrava y los títulos de marqués de Villarrubia y conde de Villalcázar de Sirga. Hermano suyo fue Jacinto Antonio de Echeverri, nacido en San Sebastián en 1625 y fallecido en la capital guipuzcoana en 1673. Como general de las flotas de Indias realizó numerosos viajes por el Atlántico. Era además un gran experto en construcción naval. Se declaraba partidario de la manera de construir navíos al modo de los holandeses. Hacía distinción clara entre naos mercantes y naos de guerra, con planteamientos regulados y experimentados en hidrostática, geometría y aritmética. La consideración que al respecto se le tenía queda patente, por ejemplo, en la carta que José de Veitia y Linaje ―autor del Norte de la Contratación de las Indias Occidentales― le dirigió en 1673. Temiendo que la muerte arrebatase el saber acumulado durante generaciones, en los astilleros y en la experiencia de la navegación trasatlántica, Veitia le rogaba que «lo primero es que v.m. se recobre en su salud y cierto que teniéndola le debemos suplicar sus servidores que no defraude a la nación española de la gloria que le podrá resultar de ver reducida a ciencia inteligible preceptos ciertos y con demos- (4)  GARMENDIA ARRUABARRENA (1990), p. 572. (5)  VARGAS Y PONCE. Año 2017 REVISTA DE HISTORIA NAVALVAL 57


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