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REVISTA HISTORIA NAVAL 136 MAS SUP25

NOTA EDITORIAL AÑO nuevo, vida nueva, dice el refrán. Este aserto acaso regirá para los afortunados agraciados en la lotería de Navidad, pero no reza para la Armada. Esta, como institución plurisecular que es, se halla hasta cierto punto en los márgenes del tiempo y en su seno lo viejo y lo nuevo no se excluyen mutuamente, pues su glorioso pasado es fuente inagotable de aliento y ejemplo en el presente. Valga como muestra el hecho de que el año recién arrancado nos llega cargado de conmemoraciones navales. La primera es el tercer centenario de la creación de la Real Compañía de Guardias Marinas, forja de la identidad corporativa de todos los que lucimos el dorado botón de ancla; la segunda, el primer centenario de lo que en sus comienzos se llamó Aeronáutica Naval y hoy se conoce como Aviación Naval. Pero las efemérides navales de este año no acaban ahí, pues la densa historia de la Armada es fecunda es hechos memorables ―hechos, por otra parte, que protagonizaron españoles originarios de todos los rincones del país, por más que en esta hora de crisis disgregadora algunos abjuren de la historia común―. Otras dos celebraciones discurrirán parejas con las mencionadas más arriba. Una de ellas es el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, que convirtió a esta última en la capital económica de la Península y en una abigarrada encrucijada cosmopolita de gentes y mercancías. El consiguiente crecimiento de una burguesía adinerada que gustaba tanto de las artes escénicas y musicales como de las poéticas auspició un florecimiento de imprentas y periódicos. El efecto multiplicador que ello tuvo en la difusión cultural e informativa permitió que esta alcanzase al pueblo llano, lo que fue germen de una incipiente opinión pública y propició el arraigo de la cultura liberal en todos los estratos sociales. Es entendible, por tanto, que Cádiz fuera elegida sede de las primeras Cortes Constituyentes españolas, tan genuinamente representativas que acogieron incluso a delegados de las provincias de ultramar y cuyos encendidos debates alumbrarían la Constitución de 1812, la Pepa, primer capítulo del agitado constitucionalismo histórico español. Y otro hito que celebraremos este año es el de la primera vuelta completada por un buque acorazado. La protagonista de esta gesta fue la Numancia, fragata blindada pionera en la historia de la Armada, que con tal logro evidenciaba el resurgimiento de la marina española de guerra en el siglo xIx. La proeza sirvió de colofón a la campaña del Pacífico, que si bien empezó como expedición científica, acabó derivando en empresa bélica con el bombardeo de los puertos de Valparaíso y El Callao. El conflicto también marcó un hito en lo tocante a la táctica naval, pues mostró al mundo que los acorazados ―la Numancia participó en los hechos―, merced al aumento del alcance efectivo de su artillería (por encima del kilómetro) tras la adopción de cañones rayados de retrocarga y el cambio de las bolas de avancarga por ojivas con espoletas


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