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REVISTA ESPAÑOLA DEFENSA MAYO 2017

nales de 1968, hasta el lanzamiento, en noviembre de 1974, del Intasat. Hubo que definirlo todo desde el principio: la forma y el tamaño, los subsistemas que contendría… Todo funcionó como estaba previsto y España se incorporó al selecto club de los países del espacio. Sin embargo, aquel enorme esfuerzo colectivo no obtuvo continuidad inmediata, y hasta 1997 no se puso en órbita el siguiente satélite, Minisat. Para el Nanosat 01, sin embargo, sólo hubo que esperar siete años, hasta 2004; y cinco para el Nanosat 01-B, lanzado al espacio en 2009. Posteriormente, el programa interno de pequeños satélites —como Optos, un pico satélite de menos de tres kg. de peso—, iba a permitir a universidades y grupos científicos españoles volar cargas útiles a precios asumibles para ellos, con visos de continuidad en el tiempo y misiones frecuentes, cada tres o cuatro años. AVIONES NO TRIPULADOS El INTA se había hecho aeroespacial sin dejar de ser aeronáutico. Abrió una nueva línea de trabajo con los aviones NASA El Ejército de Tierra utiliza el SIVA, uno de los drones desarrollados en el INTA, para misiones de vigilancia aérea. no tripulados (UAV o, más recientemente, RPA, Remote Piloted Aircraft). En esta área, las directrices de la Secretaría de Estado de Defensa empujaron en 1990 al INTA a centrarse en unos pocos grandes programas, entre ellos el Sistema Integrado de Vigilancia Aérea (SIVA), un sistema aéreo no tripulado de tamaño medio, cuya misión es la observación y vigilancia en tiempo real, entregando imágenes de vídeo en las bandas visible e infrarroja a una estación de control de misión, en donde se evalúa o se retransmiten a un centro superior de mando. Este proyecto llevaba aparejados algunos adicionales, de los cuales llegaron a buen fin el Avión Ligero de Observación (ALO) y el Diana, concebido como blanco aéreo de bajo coste. Los trabajos en el ALO generaron, a su vez, el Avión Ligero Blanco Aéreo (ALBA), que utilizan las Fuerzas Armadas en las instalaciones del Centro de Experimentación de El Arenosillo. El INTA ha seguido trabajando en este ámbito. Entre los programas actuales se encuentran el Avizor, versión mejorada del SIVA; y el Milano, avión de observación todo tiempo, de altitud media y gran autonomía, capaz de operar sin necesidad de línea de enlace de radio directa entre la estación de control y el vehículo aéreo, para lo cual usa la transmisión vía satélite. Asimismo, desde el Centro de Instrucción Aeroportada de Rozas, en Castro de Rei (Lugo), el Instituto se encarga de evaluar y certificar los distintos modelos de RPA presentados al proyecto Rapaz, con un peso al despegue por debajo de los 150 kg. Desde los años 90 el INTA ha sido pionero en España en el desarrollo de aeronaves no tripuladas Mayo 2017 Revista Española de Defensa 15 Pepe Díaz INTA El Centro de Astrobiología elabora informes meteorológicos de Marte con su instrumento REMS, a bordo del rover Curiosity. Ensayos de vibración sobre un pod de contramedidas electrónicas para aviones del Ejército del Aire.


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