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REVISTA ESPAÑOLA DEFENSA MAYO 2017

internacional Kiir y Machar, presidente y ex vicepresidente, libran una guerra civil que ha lastrado el futuro del nuevo Estado eran ninguneadas por todas las facciones en lucha. Hasta que, en agosto de 2015, llegó la firma de un Acuerdo de Paz en la capital etíope, Addis Abeba. No obstante, este complicado acuerdo tampoco ha servido para restablecer la paz. En abril de 2016, Machar regresó finalmente a Juba. Por entonces, los autoproclamados «hermanos» se pusieron al frente del pactado Gobierno Nacional de Transición, que debía dirigir el país hasta unas nuevas elecciones presidenciales en abril de 2018. Tres meses después, justo el día en que se debía conmemorar el quinto aniversario de la independencia, la violencia volvió a soterrar cualquier atisbo de diálogo político. Machar huyó del país, mientras los enfrentamientos entre las distintas facciones armadas —tanto el ejército nacional como los numerosos grupos rebeldes— se extendieron por todo el territorio. HUIDA HACIA DELANTE En este enconado panorama, el nombramiento el pasado septiembre de Taban Deng Gai como vicepresidente del país ha sido la última asonada de Salva Kiir contra el Acuerdo de Paz; al tiempo que Machar se niega a regresar hasta ser restituido en su cargo, aunque sigue liderando los ataques armados de sus secuaces desde su retiro en Sudáfrica. En clave interna, la única salida viable es que, sin más demora, ambos abandonen voluntariamente la esfera política. Por ello, y como señalaba ya en febrero de 2015 un demoledor informe elaborado por el secretario general de la ONU, es urgente que «la comunidad internacional haga ver a los dirigentes de Sudán del Sur que no pueden seguir supeditando el destino del país a sus ambiciones personales». Por el momento, esto no va a ocurrir, pues el poder político sigue justificando y disculpando su actitud con razones espurias; sus propuestas carecen de cualquier atisbo de razón; y solo contempla Después de tres años de lucha, la devastación y las continuas masacres han provocado una tragedia brutal: decenas de miles de muertos, casi tres millones y medio de desplazados internos y de refugiados huyendo de la barbarie, y todos sus medios de subsistencia —cosecha y ganado— aniquilados. Además, y para agravar aún más la catástrofe, una hambruna «provocada por el hombre» ha matado de inanición a más de 100.000 sursudaneses y asedia a otros 5,5 millones (el 50 por 100 de la población), que necesitan ayuda humanitaria de forma urgente. Aunque CHAD Sudán del Sur República centroafricana República democrática del congo el país más joven del mundo Eritrea yibuti ETIOPÍA Sudán sudán del sur Yuba uganda kenia ruanda burundi tanzania somalia lo más dramático es que los responsables de este infierno están dentro de sus fronteras, y sus atrocidades exigen justicia como condición ineludible para una paz duradera. Para conseguirlo —como señalaba un informe de la ONU—, es apremiante crear «una comisión internacional que investigue e identifique a los responsables de violaciones y abusos de derechos humanos y otros crímenes, incluyendo violencia sexual». Sobre el terreno, los combates nunca cesaron, pero la determinación de la IGAD, con el respaldo de la comunidad internacional, se mantuvo firme para mediar en nuevas y sucesivas conversaciones de paz, que sistemáticamente dinka Salva Kiir, junto a Rieck Machar, de la tribu de los nuer, han sido los responsables de liderar una «hoja de ruta» que —tras el referéndum de enero de 2011— llevó a Sudán del Sur a su libertad y a su inclusión, por derecho propio, en Naciones Unidas. Sin embargo, la designación de Kiir y de Machar como presidente y vicepresidente, respectivamente, de Sudán del Sur pronto se convirtió en el peor lastre para su futuro. La acérrima enemistad entre ambos, gestada durante los años de lucha armada contra Jartum, junto con su deleznable lucha por el poder y el control de los recursos (especialmente, la ingente producción petrolera, que supone el 97 por 100 de la riqueza del país), sentaron las bases de un régimen errático marcado por las disputas políticas y personales, siempre enmascaradas bajo la ancestral y no resuelta rivalidad tribal entre los dinka y los nuer. Desde la instauración del gobierno nacional, la incapacidad manifiesta de ambos dirigentes para dirigir el país, el declive de las instituciones estatales, la corrupción y el despotismo armaron una bomba de relojería que Rafael Navarro no tardó en estallar, y ahogar así los anhelos de paz y desarrollo de la población sursudanesa. En diciembre de 2013, apenas dos años después de la independencia, la lucha armada reventó en Juba, cuando el presidente Kiir destituyó a Machar, al que acusó de preparar un golpe de Estado para hacerse con las riendas del país. En pocos días, la agitación étnica se propagó desde la capital hasta los estados norteños y petroleros de Sudán del Sur: Jonglei, Alto Nilo y Unidad. Durante los meses siguientes, las ciudades y pueblos del norte cayeron sucesivamente en manos de uno u otro bando: el Movimiento Popular por la Liberación de Sudán (SPLM), convertido en ejército nacional y a las órdenes del presidente Kiir, y el movimiento de oposición (IO), liderado por Machar. 52 Revista Española de Defensa Mayo 2017


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