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104 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ medios bélicos eran claramente inadecuados, por lo que pidieron a sus colaboradores que prepararan un plan de reforma para neutralizar con éxito la poderosa y afamada caballería pesada gala, en donde residía en gran medida el poder del rey francés2. A poco de concluir la guerra de Granada, se da el primer paso en esta dirección el 20 de julio de 1492, con una pragmática actualizando la legislación sobre la caballería popular, pero era insuficiente en comparación con la sólida gendarmería francesa3. Por eso, en estos inicios de la reforma es mucho más significativa la atención y las medidas tomadas, sobre todo la del 2 de mayo de 1493, respecto a un cuerpo especial llamado Guardas de Castilla4. La reforma en los territorios españoles prosigue con medidas como la reorganización del acostamiento real5, la Ordenanza de 5 de octubre de 14956, relacionada con la Hermandad, en el sentido de que la paz imperante no justificaba la existencia de esta institución, de modo que había que buscar una alternativa y esa será el armamento general de todos los individuos, al tiempo que se unificaban las medidas y los modelos de las diferentes armas, que se producirían en las distintas fábricas a precios asequibles para los paisanos que debían comprarlas7. La decisión de recurrir al paisanaje se justificaba por la paz y tranquilidad imperante que “mediante la divina clemencia en nuestros reinos ha habido e hay después que reinamos acá”, paz que como reconocen los Reyes fue la causa de que “en muchas de las ciudades y villas e lugares… en la mayor parte de ellas no ha habido ni hay armas ofensivas ni defensivas como solían e que así toda la gente esta desarmada”, por lo que en una salida a causa de la presencia de malhechores o por conveniencia al servicio del rey 2  Para todas estas cuestiones y el contexto general militar en el marco cronológico en el que nos vamos a mover en estas páginas, remitimos a Martínez Ruiz, Enrique: Los soldados del Rey. Los ejércitos de la Monarquía Hispánica (1480-1700). Editorial Actas, Madrid, 2008. 3  Para el enfrentamiento hispano-francés en su primera época, Ladero Quesada, Miguel Ángel: Ejércitos y armadas de los reyes Católicos. Nápoles y El Rosellón (1594-1505). Academia de la Historia, Madrid, 2010. 4  Vid. Martínez Ruiz, Enrique y Pi Corrales, Magdalena de Pazzis: Las Guardas de Castilla. Primer ejército permanente español. Editorial SÍlex, Madrid, 2013. 5  Archivo General de Simancas (en adelante A.G.S.) Contaduría del sueldo, primera serie, leg. 24. 6  A.G.S., Cédulas, leg. 2, nºs. 78-79. A ella pertenecen los entrecomillados siguientes, si no se indica otra cosa. 7  Pues ordenaban los reyes “que todos sus súbditos y naturales de cualquier ley o estado o condición que sean agora e de aquí adelante, tengan cada uno dellos en su casa e en su poder armas convenibles ofensivas e defensivas según el estado”. Armas que sus propietarios tendrían que conservar, pues los Reyes ordenaban también “que ahora nin de aquí adelante non pueden ser vendidas nin empeñadas nin enajenadas nin emprestadas por más tiempo de diez días las dichas armas que así mandan tener a cada uno en algunas dellas”. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 104-134. ISSN: 0482-5748


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