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RHM EXTRA 1 2017

116 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ La Ordenanza de 1536 inició la definición de las funciones de los dos cargos fundamentales en el Tercio, cuyos cometidos se irían perfilando en el futuro: ya hemos citado al Maestre de Campo, el otro cargo era el de Capitán, jefe de la compañía, que era quien elegía a los subalternos. El alférez, el oficial de su mayor confianza, le acompañaba en las tareas de reclutamiento; portaba la bandera que identificaba a la compañía y si llevaba el estandarte real, lo protegía con una guardia de 25 hombres. El sargento era el más relacionado con el mantenimiento de la disciplina y la instrucción de los soldados; se le identificaba por llevar una alabarda, tenía que saber leer y escribir y le correspondía determinar la formación de la unidad en cada momento, sobre todo en el combate, en función de lo que ordenaba el Maestre de Campo y el sargento mayor; en lo referente al alojamiento de los hombres contaba con la colaboración del furriel. Los cabos mandaban una escuadra, compuesta por 8 o 10 hombres y alguno de ellos podía asumir las funciones del sargento si éste no estaba presente; también un cabo era el responsable del puesto de guardia. En cada compañía, además, había un barbero, que a las funciones propias del oficio que practicaba, añadía la de prestar los primeros auxilios a los heridos, que atendía también un cirujano en pequeños hospitales o enfermerías improvisadas en cada tercio hasta que podían ser trasladados –si los habíaa hospitales mayores para los heridos de todo el ejército, como el que funcionó en Malinas para las tropas de Flandes, una institución sanitaria que sostenían los soldados con un descuento en su sueldo, el llamado “real de limosna”. El capitán asumía también funciones judiciales respecto a sus hombres, ya que le correspondía castigar los delitos y las contravenciones de los bandos generales del ejército o de los bandos particulares que el maestre de campo hubiera dictado. En los delitos en que se interfería la jurisdicción militar con la civil, dictaminarían conjuntamente un juez de cada una de ellas. El oficial de justicia del Tercio era el auditor. Unos músicos (pífanos y tambores) completaban el personal de la compañía. Además de pormenorizar en el trato que se le debía dar y mantener a algunos personajes importantes con responsabilidades en el ejército imperial, la Ordenanza se ocupaba de la Artillería como nunca antes, determinando el número de caballos que debería haber para tirar de los cañones; un capitán fue nombrado para dirigir el Arma y contaría con unos treinta artilleros “o más o menos, los que viere que hay necesidad, conforme a las piezas de artillería que ha de haber en el dicho nuestro ejército”. También habría gastadores, que se contrarían cuándo y en número que fueran necesarios24. 24  Años después la Artillería volvería a ser centro de interés imperial, pues les dedica las Instrucciones expedidas en Augusta por el Rey D. Carlos I a 5 de abril de 1551, para el cargo de General y Oficiales de Artillería en los Estados de Flandes. Se refiere esencialmente a la Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 116-134. ISSN: 0482-5748


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