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RHM EXTRA 1 2017

118 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ Ya acabando el reinando del Emperador y poco antes de las abdicaciones, el duque de Alba, Capitán General del ejército que actuaba en Italia expide unas nuevas Ordenanzas26 en nombre del Emperador y para la gente que mandaba. El Duque ordenaba “primeramente que ningún soldado de pie ni de caballo, ni otra ninguna persona que sirve y siga este felicísimo ejército, no blasfeme ni reniegue de Nuestro Señor Dios, ni Nuestra Señora, ni de los Santos, so pena que sean por ello a nuestro arbitrio castigados” y tras establecer que ningún hombre se ausente sin licencia, ordena el respeto total y absoluto de los edificios sagrados y a todo lo que contienen. Después se centra en cuestiones específicamente militares: forma de proceder en caso de traición, que se respeten las normas y buena conducta en los alojamientos sin forzar en nada a los paisanos, que nadie lleve a ninguna mujer, salvo que sea su esposa y que cuantos acompañan a las tropas sin ser criados o pajes de caballeros y oficiales y sin ninguna otra función, debían abandonar el ejército y se extendía luego en una serie de prescripciones que aparecen en muchos de los textos que nos ocupan y cuya reiteración demuestra que, pese a las repeticiones, no se cumplían27 La verdad es que aunque se habían hechos algunas precisiones sobre el número de compañías de los Tercios, fueron unidades muy fluidas y variaron tanto en el número de hombres que los componían como el de compañías en que se agrupaban, experimentando una progresiva reducción que va desde los 300 por compañía en 1560 a los 250 en 1632 y de los 3.000 total del tercio en 1536 a los 500 de los que se crean en el interior de la península en el siglo XVII, cuando esa distinción entre ejército interior y ejército exterior empieza a deshacerse. Con Felipe II, en Toledo, el 24 de diciembre de 1560 se da un paso de gran significado con la Ordenanza de ese año al desprenderse del último vestigio medieval suprimiendo las coronelías y determinar que los tercios se compondrían de 10 compañías de 300 hombres, es decir de 3.000 efectivos; de esas compañías, dos eran de arcabuceros y las otras de piqueros. Las compañías de arcabuceros estaban mandadas por 11 oficiales y las componían 239 arcabuceros, 15 mosqueteros y 35 piqueros, mientras que las de 26  Ordenanzas que de parte de su Majestad el rey D. Carlos I expidió en Salucia el Duque de Alba, virrey de Nápoles, a 1 de agosto de 1555, para el régimen y disciplina del ejército de Italia de que era Capitán General. 27  No olvidaba, en este caso, el tema del botín: “Ordenamos y mandamos que la ropa, prisioneros, y otras cosas que la gente de guerra ganare o hubiere en batalla o reencuentro, o en combate de alguna tierra o castillo, haya de quedar y sea libremente de aquel o aquellos que los tomaren o ganaren, según costumbre de la guerra, y que ninguno quite a otro por fuerza lo que hubiere ganado, so pena de la vida; reservando los prisioneros que fueren personas principales y los que tuvieren títulos de Capitanes Generales, los cuales han de quedar para hacer dellos lo que fuere servicio de Su Majestad, según quisiéremos disponer dellos”. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 118-134. ISSN: 0482-5748


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