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EL EJÉRCITO DE LOS AUSTRIAS Y SUS ORDENANZAS 125 las dificultades de llevar a la práctica muchas de sus prescripciones42 Por su parte, Carlos Coloma, desde Milán, reclamaba urgentemente la organización de dos tercios españoles y 20 compañías montadas (10 de ordenanza, 4 de corazas y 6 de arcabuceros: en total, 1.500 caballos), recomendando que estas últimas se formaran con extranjeros, pues allí sólo se alistaban los indeseables o cargados de deudas y los que tenían enemigos, para poder llevar armas43. Como vemos, desde dos zonas estratégicas de máxima importancia llegaban noticias de un alarmante deterioro en el espíritu y la condición de las tropas, que imposibilitaban la aplicación de la reforma en su totalidad y buscaban incentivos que permitieran recuperar el talante perdido, iniciando el rey una amplia consulta a los Consejos de Estado, de Flandes y de Nápoles, al consejo Secreto de Milán y al Privado de Sicilia, cuyas aportaciones y las del Consejo de Guerra no se tradujeron más que en la publicación de una nueva Ordenanza, que modificaba algo la de 1603 y que fue promulgada el 17 de abril de 161144; en gran medida repetición de la de 1603, que no se cumplía en la medida deseada45. 42  Ya que “serán no solo muy difíciles de cumplirse, pero de inconveniente el ordenarlo, porque con la larga guerra, trabajos y calamidades de ella han salido de su camino ordinario muchas de aquellas costumbres antiguas en la milicia, que sería imposible ejecutarse acá en la era presente que están las cosas en el estado que V. M. tiene entendido y que con su mucha prudencia sabrá considerar... y a su tiempo daré cuenta a V. M. de lo que así mandare poner en ejecución y las causas y respetos que hubiere y se ofrecieren para escusar lo demás”. 43  Y añadía: “Los cuatrocientos hombres de armas de este Estado, sí que podemos decir con toda verdad, que han degenerado, pues gente de más poco servicio que ella, no la encuentra V. M. en cuanta milicia tiene. El haberles querido hacer servir como caballos ligeros, es la primera causa, y la segunda, donde antes solían ser de la más clara sangre de Lombardía, haberse dado las plazas a gente baja y sin obligaciones. El remedio es volver a la forma que antes estaba, restituyéndoles todas las franquicias e inmunidades de que gozaban cien años atrás, con la pensión de traer las mismas armas y bardas que solían, dando este trozo de ejército a la ostentación y apariencia, como otros se dan al peligro y al trabajo”. Ambos textos, en Clonard, Ibidem. Unas muestras de la lamentable situación en que se encontraban las tropas, su escaso espíritu y la degeneración de la convivencia, en Serradilla Ballinas, Daniel: “Las Ordenanzas”, en La Infantería en torno al siglo de oro, Ediciones Ejército, Madrid, 1993, págs. 263-264; el artículo, págs. 255-270. 44  Vid. Secretaría de Guerra, lib. 111. También Clonard, Ibidem, que recoge igualmente algunos de los datos que siguen, contenidos en las páginas ya indicadas, por lo que omitiremos su cita. 45  En el preámbulo leemos: “Por cuanto habiendo entendido que, sin embargo de las ordenanzas militares que mandé despachar en ocho de julio del año pasado del mil seiscientos tres, para la conservación y buena disciplina militar de la infantería española, se ha ido relajando y corrompiendo introduciendo algunos abusos, y deseando su conservación y aumento, mandé que las dichas ordenanzas se revisasen a mi consejo pleno de guerra, y se platicase sobre ello y se me consultase lo que pareciese, y habiéndose hecho con el acuerdo y consideración que requiere, he resuelto lo siguiente”. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 125-134. ISSN: 0482-5748


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