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RHM EXTRA 1 2017

126 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ Distribuida en 53 artículos, la nueva Ordenanza empezaba por recomendar que sólo se propusieran para maestres de Campo a individuos “valientes, de bueno y cristiano proceder, y que hayan aprobado bien, y tenido buenos sucesos, obedientes, libres de codicia, temerosos de Dios y celosos de mi servicio… que hayan servido por lo menos ocho años de Capitanes de infantería o de caballos y que para suplir algún tiempo a las personas ilustres se me haya de consultar”. También ordena el Rey que en la provisión de las plazas de Capitán, se ha de tener en cuenta que haya sido tres años soldado y seis alférez o diez años continuos de soldado “y si hubiere algún caballero de sangre ilustre en quien observaron virtud, ánimo y prudencia aunque no tenga servicios de tanto tiempo, se podrá admitir a la sección de Capitanes”. En cuanto a los soldados que pudieran ser nombrados capitanes, además de los méritos se prefiera a los que sirvieron en banderas a los aventajados y que continúen en servicio “y se quite el abuso de pretender compañía para dejarlo luego, y gozar de un entretenimiento sin trabajar, ni servir más”. Por lo que respecta a los alféreces y sargentos, no podrían ser nombrados los que no reunieran las condiciones señaladas, salvo que haya orden real para su nombramiento. Se recomienda a los Veedores Generales, Contadores, oficiales del suelo y comisarios de Infantería que “no vaya asentado para Alférez ni Sargento nadie que no les conste ser aprobados por mi Consejo de Guerra, o por los Capitanes Generales, en cuyo distrito hayan residido”. Recomienda que los soldados vivan en camaradas, que los jefes actúen con ellos como Padres, y les honren. Añade que en las guardias estén armados, que es “la buena costumbre, que siempre ha habido”; también prohíbe que se emplee a los soldados “en servicios particulares”. Después la Ordenanza se extiende en recomendaciones de carácter orgánico y religioso, prohibiendo la blasfemia y recomendando el respeto de los preceptos establecidos, pues de no ser así “tanto se desirve” a Dios Nuestro Señor; que no se origen pendencias y que los sueldos se paguen en dinero y no en otra cosa ni no se les pida a los hombres dinero para limosnas y obras pías. También prohíbe la concesión de alguna ventaja a los que no han servido, por el efecto negativo que produciría en los que sí han servido al no verse premiados. Igualmente, se legislaba prohibiendo que un individuo disfrute de más de una ventaja, recomendando la moderación en la indumentaria, en lugar del “exceso de los vestidos, y trajes que se han introducido”. La certificación de servicios y novedades solo podrán hacerlas los que estuvieran presentes cuando se producían. En casos de motín se castigará a los culpables y ningún mando dará licencia a ningún individuo que quiera ir a la Corte “a pretender”. Otra cuestión que no se olvida es la exactitud que hay que mantener en los alardes y pagas “por la larga experiencia del daño que ha recibido mi hacienda, por la pocas fidelidad que ha habido en algunos oficiales del sueldo”. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 126-134. ISSN: 0482-5748


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