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RHM EXTRA 1 2017

LAS RAÍCES DE LAS ORDENANZAS MILITARES… 19 ya sencillos precedentes, como la guarda personal del monarca, los Monteros de Espinosa, en número de 48, o las guarniciones de fortalezas, en especial fronterizas, a las que les correspondía la defensa y control del territorio. Fueron destacadas las construcciones de castillos reales en la frontera –muchos cedidos a señoresque mantenían guarniciones y equipamientos estables, para cuyo mantenimiento se asignaban sustanciosas partidas económicas destinadas a la tenencia del alcaide, el pago de las tropas, las provisiones y el armamento7. Pero lo cierto es que, al margen de estos contingentes, irrelevantes desde el punto de vista guerrero, se tardó mucho tiempo hasta que los monarcas llegaron a disponer de auténticas unidades militares de infantería, caballería y artillería permanentes y siempre a su servicio y bajo sus órdenes. El camino recorrido, además, no estuvo libre de obstáculos, desde que en 1406 se contara ya con tres capitanías de 100 lanzas cada una para la protección de la corte. Las noticias conservadas sobre los gastos que suponía el mantenimiento de verdaderas unidades militares, de un auténtico ejército real, son muy tardías para Castilla, en concreto de 1480. Para esta fecha hay constancia del gasto anual que ocasionaban las cerca de 900 lanzas, sencillas y dobladas, de las Guardas Reales, 20 millones de maravedíes; una cantidad que se incrementaría en 1495 con el mantenimiento de 1.400 lanzas, y que no dejaría de crecer en los años sucesivos por la propia evolución de la política regia hasta constituir un ejército cuyo coste ascendería a 120 millones de maravedíes (el 40% de los ingresos ordinarios) dando empleo a varios miles de personas8. Las Ordenanzas Militares de la modernidad hispana, en definitiva, hunden sus raíces en el largo Medievo peninsular, en el que el proceso reconquistador marcó los pasos a dar en la organización de los ejércitos. Se trató, como ya se ha apuntado, de un lento proceso hasta culminar en la creación de un 7  Existen algunos datos sobre el número de hombres que tenían estas guarniciones en el siglo XV. Así, Antequera contaba con 120 caballeros, 200 lanceros y 300 ballesteros; idéntica guarnición tenía Archidona, además de 90 “velas” y 30 “rondas” y “sobre-rondas”; Alcalá la real contaba con 50 caballeros, 150 ballesteros y 300 lanceros; Huelma, 70 jinetes, 66 ballesteros y 30 peones; Olvera, 20 caballeros, 24 ballesteros, 66 lanceros, 30 “velas y rondas”. Cf. Ladero Quesada, Miguel Ángel: “La organización militar de la Corona de Castilla durante los siglos XIV y XV”, en V Centenario de la incorporación de Granada a la Corona de Castilla”, Granada, 1993, pp. 195-227; Quintanilla Raso, Mª Concepción: “La tenencia de fortalezas en Castilla durante la Baja Edad Media”, en En la España Medieval, nº 9, 1986, pp. 861-896 y “Acerca de las fortalezas andaluzas en la frontera granadina durante el siglo XV”, en IV Coloquio de Historia Medieval andaluza, Almería, 1988, pp. 251-272. 8  Constaba de 64 capitanías con 1.817 hombres de armas y 3.266 jinetes, 146 artilleros, 152 espingarderos y 2.797 peones. Los datos en Ladero Quesada, Miguel Ángel: La Hacienda Real en Castilla en el siglo XV, La Laguna, 1973 y “La Hacienda Real de Castilla en 1504. Rentas y gastos de la Corona al morir Isabel I”, en Historia, Instituciones y Documentos, nº 3, 1976, pp. 309-345. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 19-58. ISSN: 0482-5748


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