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30 ANA ARRANZ GUZMÁN tanto influirían siglos después en la esencia del ordenamiento militar moderno y, el segundo, por lograr hilvanar lo estrictamente jurídico con interesantes pinceladas de filosofía clásica y pensamiento teológico. El motivo esencial que llevó al Rey Sabio a emprender compilaciones de carácter legislativo es bien conocido: la dispersión y confusión que imperaban en sus reinos en materia legal, como él mismo señaló en el prólogo de su obra43. Todo parece indicar que El libro de los doze sabios fue encargado por Fernando III hacia el año 1237, constituyendo una de las primeras obras originales en prosa de la lengua castellana44. No es este el lugar para recordar de manera exhaustiva las dudas señaladas por algunos historiadores sobre la datación del texto o la influencia islámica del mismo, puesto que ya J. K. Walsh señaló en su día que “tanto la semejanza temática como la exposición gnómica atestiguan la estrecha relación entre Doce sabios y las obras hispano-árabes como Poridat, Buenos proverbios y Bocados de oro”. Y lo mismo hay que decir respecto al capítulo LXI Tratado de las guerras, su organización, su táctica y métodos, y la Lámpara de los príncipes de Abubéquer de Tortosa45. Tampoco lo es para volver a plantear dudas sobre quién o quiénes fueron sus autores, o si estos doce sabios existieron realmente, como consideró el P. Burriel al interpretar el libro como el resultado de una reunión mantenida por estos personajes a instancias de Fernando III46; sólo señalar que Walsh, tras su minucioso análisis, llegó a la conclusión de que se trató de un único autor anónimo, quien concibió y escribió el prólogo y el cuerpo de la obra en 1237, o poco después, mientras que el epílogo se habría añadido hacia 1255 y habría sido compuesto por un copista o consejero de Alfonso X47. Sí parece oportuno, en cambio, resaltar algunos aspectos estre- 43  De los tratados legales emanados de la corte castellana el más importante, sin duda, es el de Las Siete Partidas, pero tampoco hay que olvidar el Fuero Real, el Espéculo o Espejo de la Ley y El Setenario. Sobre esta última se han mantenido ciertas dudas, al pensar algunos estudiosos que se trató de un encargo de Fernando III a su hijo, mientras que otros han considerado este texto posterior a las Partidas. Pero, al margen de ello, lo fundamental es que, frente a lo que hasta entonces había sido habitual como era el regular los deberes de los vasallos hacia su rey, se señalaron también algunas de las obligaciones militares del monarca, al igual que se hace en la II Partida. Sobre las dudas en torno a la fecha de elaboración del Setenario, vid. Craddock, J. R.: “El Setenario: última e inconclusa refundición Alfonsina de la Primera Partida”, en Anuario de Historia del Derecho Español, nº 56, 1986, pp. 441-466 y Martín, G.: “De nuevo sobre la fecha del setenario”, e-Spania, junio, 2009. 44  La obra tuvo una primera edición en el año 1800 de la mano del P. Andrés Marcos Burriel en sus Memorias para la vida del Santo Rey Don Fernando III, de la que se llevó a cabo una reimpresión facsímil en Barcelona el año 1974. Posteriormente, sería Jonh K. Walsh, quien realizaría un completo e interesante estudio del texto en Anejos del Boletín de la Real Academia Española, nº XXIX, 1975. 45  Ibídem. pp. 39-41 y notas 92-94. 46  Memorias…, pp. 188 y 213-214. 47  Op. cit., p. 33. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 30-58. ISSN: 0482-5748


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