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RHM EXTRA 1 2017

ANEXOS 333 uno vaya y acuda luego a su cuartel y a su bandera con sus armas para ponerse en el lugar que señalare o fuere señalado, y si alguno se quedare en su tienda o alojamiento sin estar enfermo, o con alguna otra manifiesta necesidad y orden, sea castigado en la vida por ello. Y porque conviene que todos los molinos que se hallaren de viento o de agua en cualesquier tierras o ríos se conserven, mandamos que ninguno sea osado de los romper, ni quemar, ni hacer otros daños en ellos, sino fuere por expresa orden nuestra, so pena de la vida. Que ningún soldado de pie ni de a caballo pase la muestra ni se haga escribir ni llave paga más de en sola una compañía, y no pase más de una vez, ni responda en nombre alguno, so pena de la vida. Y porque conviene que cada uno esté en orden para poder servir con sus armas, ordenamos y mandamos que ningún soldado de pie ni de a caballo pueda prestar a otro armas ni caballo para pasar en la muestra, so pena de la vida. Que ningún Capitán, ni Alférez, no Canciller, pueda recibir en su compañía ni escribir en su lista a ningún soldado de compañía ajena sin consentimiento expreso de su Capitán y licencia nuestra, so pena de ser los Capitanes reprendidos y castigados a nuestro arbitrio, y los Alféreces sean privados de las banderas, y no puedan tener más cargo de Alférez en este ejército, y que los Furrieles sean desterrados del ejército. Que ninguno se desordene ni se mude del lugar que por su Furriel general o particular le será señalado, ni tomar el alojamiento que para otro se hubiere señalado, so la pena a nuestro arbitrio reservada. Y porque podrá ser que los Maestres de Campo, o algunos de los Prebostes del ejército, o sus Ministros prendiesen o quisiesen prender algunos malhechores que se les pusiesen en defensa no dejándose prender, mandamos expresamente a cualquier personas y gente de guerra que se hallasen presentes o cercanos, ayuden y favorezcan a los dichos Ministros de la justicia para que puedan ejecutarlo, so pena que si hubiere algún malhechor que se huyere y escapare por razón o causa del favor o ayuda que se le hubiere dado, o por el estorbo que se hiciere a los dichos Ministros de la justicia, que aquellos que tal favor y ayuda hubieren dado a los delincuentes sean pugnidos y castigados, y se de la misma pena que merecieran, y se les había de dar a los delincuentes propios si no se huyeran. Que ninguno sea osado de tornar a tomar ni alzarse con el dinero que otro le hubiere ganado en juego público ni secreto, y que ninguno pueda jugar sino dineros contados que tengan delante, y que si jugare crédito sobre sobre su palabra, y perdiere alguna cantidad grandes o pequeña, se encienda que la tal persona que hubiese perdido ni sea obligado a cumplir la palabra ni a pagar lo que así perdiere en ningún tiempo, y expresamente defendemos y mandamos que ninguno pueda jugar ni poner en juego por prenda sus armas. Pero sobre otras prendar se permite jugar como sean de oro o plata. Reservamos en nos las penas que fueren en todo lo sobredicho crecer o moderar a nuestro arbitrio, y como nos pareciere y la gravedad del caso lo requiera. Dada en este felicísimo ejército de Su Majestad en Salucia, a primero de agosto de 1555.


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