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RHM EXTRA 1 2017

352 ANEXOS Que ningún soldado ni otra persona sea osado de tocar a la ropa ni en cabalgadura ninguna cargada ni descargada que vaya con el bagaje, aunque la topen perdida por el campo, ni consientan que otros la toquen si no fuera para volverla luego a sus dueños, so pena de la vida. Que ninguno sea osado, del campo ni fuera del, a entrar ni salir escondido ni por lugares no acostumbrados en ninguna tienda de nuestra Corte y ejército, si no fuere públicamente y en el tiempo y horas ordinarias, por las puertas acostumbradas dellos, so pena de la vida. Que toda la gente de pie y de caballo de este ejército que vienen a servir en él, de cualquier grado que sea, si les mandare cando caminasen ir armados, lleve cada uno su banda colorada sobre las armas, y no llevando coseletes lleven las cruces coloradas cosidas en los vestidos, de manera que todos las traigan públicas y no de suerte que se las puedan cubrir o quitar, so pena que el que se hallare de otra manera sea habido por enemigo y castigado por tal. Y en caso que los rebeldes de algunas villas y castillos vinieren a darnos la obediencia y ponerse en nuestras manos, por lo cual pareciere de usar con ellos alguna compasión o reconocimiento, la gente de nuestro ejército en general o en particular no presuma ni se atreva a entrar en tales tierras o castillos por fuerza, ni saquarlas ni los ganados que dentro o fuera dellas estuvieren, ni talar ni quemar casa ni heredamiento alguno sin tener para ello orden expresa, so pena de la vida. Y porque conviene y es necesarios que todos los molinos que se hallaren de viento, agua o sangre en las tierras o ríos por donde el ejército pasase se conserven, mandamos que nadie sea osado de los romper ni quemar ni hacer ningún daño sin expresa orden, so pena de la vida. Mandamos que en los molinos adonde se llevare a moler nuestra vitualla, ningún soldado ni otra persona sea osado dar molestia ni tomar la vitualla, so pena de la vida. Que ningún soldado o persona, de cualquier grado que sea, meta en el campo secreta ni públicamente ropa, ganado, ni mantenimiento, ni otra cualquiera suerte de cosa que venga o la haya tomado en lugares sospechosos ni apartados, ni en otra parte, sin que primero la manifieste, dando cuenta dello a nuestro Capitán general antes de haberla metido en el campo, so pena de la vida. Y si con el favor de Dios Nuestro Señor tuviéremos victoria dándose alguna batalla o reencuentro en campaña, o combatiéndose alguna tierra o castillo donde los rebeldes hayan puesto presidio, mandamos a los soldados y gente de guerra que no sean osados a desmandarse para saquear ni robar, sino que todos entren y estén en ordenanza en sus escuadrones en la manera que por sus superiores les será ordenado, hasta tanto que la campaña, plaza o tierra sea enteramente ocupada, ganada y asegurada por los nuestros, so pena de muerte al que lo contrario hiciere. Mandamos que ningún hombre de guerra de pie no de caballo sea osado de tocar arma en el ejército ni hacer alboroto de día ni de noche, si no fuere habiendo evidente necesidad, viendo o sintiendo venir los enemigos. Y cuando se tocare, cada uno acuda luego con sus armas a su cuartel o bandera para ponerse luego en el lugar que se le mandare; y si alguno se quedare en su tienda o cuartel sin estar enfermo o sin alguna evidente y manifiesta necesidad y orden, sea castigado personalmente por ello. Que ningún soldado de pie ni de caballo pase muestra, no se haga escribir en listas, ni tire paga fuera de su propia nación y lengua ni en más de una sola compañía, ni pase ni responda en nombre ajeno, sino en el propio solamente una vez y no más, so pena de la vida; y el Capitán o Capitanes que lo permitieren en sus compañías, sean privados de sus oficios.


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