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LAS RAÍCES DE LAS ORDENANZAS MILITARES… 35 que aun siendo consciente de la muy distinta preparación militar de cada varón concurrente mayor de edad, también lo era de las posibles cualidades castrenses que podían adornar a algunos (destreza con los cuchillos, puñales o ballestas) por lo que recomienda a los adalides y almocádenes que elijan bien a sus acompañantes peones y que no duden en “amar los mucho , e honrrar los, en dicho, e en fecho, partiendo bien con ellos las ganancias que fizieren” (II, XII, 7). En un cuarto grupo hay que situar aquellas leyes que implicaron verdaderas novedades en lo que a legislación militar se refiere. Entre ellas sobresalen dos temas. El primero está relacionado con lo que se ha venido considerando como primer ejército permanente, aunque pequeñísimo, constituido por la guardia personal del rey, Los Monteros de Espinosa, que con Alfonso X fueron cuarenta y ocho59. El segundo se refiere al hecho de regularse por primera vez la Marina de guerra castellana. Es cierto que habían existido precedentes en la organización de una fuerza naval, como la llevada a cabo por el arzobispo Diego Gelmírez, quien mandó construir sus propias galeras para la defensa del litoral de su señorío compostelano; o la que se considera la primera flota real castellana, equipada por Ramón Bonifaz para cooperar por vía fluvial en el sitio de Sevilla y su conquista en 1248. Pero fue Alfonso X, quien ya mandó edificar unos astilleros en el arenal sevillano y estimuló la construcción de naves armadas para contar con una flota naval permanente, así como sujetar a los ciudadanos de las villas marítimas al deber de acudir al llamamiento de su monarca siempre que los necesitara. El paso siguiente lo daría el Rey Sabio con la regulación en la II Partida de todo lo relativo “a la guerra que se faze por la mar”, y a los oficiales y cargos, como el “Adelantado Mayor de la Mar” (II, IX, 24). Asimismo, han de ser mencionadas por su interés las disposiciones fijadas en torno a los posibles delitos relacionados con la guerra y el ejército, en especial el de traición. Es considerado traidor quien: hace la guerra contra su rey, apoyando a sus enemigos de hecho o consejo; quien se alza en una fortaleza o villa de realengo y la entrega al enemigo; el que lleva a cabo tareas de espionaje; quien suministra víveres a los enemigos; quien desampara al monarca en la batalla, desertando o pasándose al enemigo (II, XVIII, 1, 7; II, XXVIII, 1).El castigo impuesto por el Rey Sabio a quienes huían de la batalla era la pena de muerte (II, XIX, 9).60 Más espigadas se muestran aquellas disposiciones que encierran un valioso contenido de carácter filosófico-moral, en donde el lenguaje cumple 59  Sobre el tema, vid. Pereda Merino, R.. Los Monteros de Espinosa, Madrid, 1914. 60  Todos estos preceptos serían recogidos casi un siglo después por Alfonso XI en el Ordenamiento dado en las Cortes de Alcalá de Henares de 1348 (tit. XXXII, ley V). Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 35-58. ISSN: 0482-5748


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