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36 ANA ARRANZ GUZMÁN una misión extraordinaria como herramienta de propaganda, fruto de los nuevos planteamientos y rumbos culturales triunfantes en el conjunto del Occidente europeo. No es casual que en la I Partida, dividida en 24 títulos, y donde se define la naturaleza de la ley, se resuman también los principales postulados de la doctrina cristiana, constituyendo en definitiva un tratado de Derecho canónico. Porque a lo largo de las seis Partidas restantes, las máximas políticas y las ideas de los autores clásicos, como Aristóteles, se entrelazan con salmos, proverbios y frecuentes citas de escritores eclesiásticos, como San Agustín, San Gregorio o San Bernardo. Es cierto que desde principios del siglo XX se han venido realizando estudios sobre el léxico de la plenitud medieval y, en concreto, sobre Las Siete Partidas61. Sin embargo, la obra legislativa alfonsina sigue precisando de un amplio análisis conjunto, donde se tenga en cuenta tanto la evolución de las formas literarias de la época, como el tratamiento de ciertos temas –especialmente los guerrerosque aparecen tanto en las Partidas como en otras obras de Alfonso X de naturaleza distinta, como en el caso de algunas de sus Cantigas profanas. Lo cierto es que, pese a su naturaleza jurídica y a lo árido que en principio puede parecer el lenguaje utilizado en Las Siete Partidas, y en concreto el de la segunda, también se refleja en ellas la vocación humanística, incluso poética, del Rey Sabio. Y dicha tendencia aparece, por ejemplo, en la descripción de las cualidades que han de adornar al caballero, incluso a los peones, o en el tratamiento que se hace sobre la propia guerra que, aunque sin idealizarla por la realidad incuestionable de la crueldad que conlleva, intenta justificarla por el fin último de la paz que aporta su conclusión, “…el asosegamiento, e folgura e amistad…”, en definitiva, el bien común62. Un aspecto singular con reflejo en Las Siete Partidas fue el de la participación del clero en la guerra. Es de todos conocido cómo la legislación canónica se mantuvo inalterable a lo largo de los siglos al respecto, prohibiendo a los eclesiásticos derramar sangre y participar como guerreros en las contiendas, aunque siempre se les permitió acudir al campo de batalla para atender espiritualmente a la tropa y para orar por la victoria durante el combate63. Y del mismo modo opinaban los canonistas y demás intelectuales 61  Sirvan como ejemplo los de Lapesa, Rafael: “Notas sobre el léxico del siglo XIII”, en Revista de Filología Española, nº XVIII, 1931, pp. 113-141, quien señaló que en las Partidas se encuentran vocablos que constituían una verdadera innovación; o Rubio Flores, A.: Estudio del léxico institucional. La Partida segunda del Rey Sabio, Granada, 1993, quien llamó la atención sobre la influencia árabe en la terminología castrense castellana. 62  Las Siete Partidas, II, XII, 7; II, XII, 1-9; II, XIII, 1. 63  Las disposiciones legisladas al respecto en multitud de concilios hispanos así lo demuestran. Sirvan como ejemplo: IV de Toledo del año 633, el III de Mérida de 666, el de Coyanza de 1055, o el de León de 1267, por mencionar sólo algunos. Y más trascendental todavía, por su Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 36-58. ISSN: 0482-5748


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