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LAS RAÍCES DE LAS ORDENANZAS MILITARES… 37 del Medievo, como Gregorio de Tours, Fulberto de Chartres, Burchardo de Worms, Graciano o Santo Tomás de Aquino. Sin embargo, lo cierto es que a lo largo de la Reconquista se fue configurando en la mentalidad colectiva la idea de que “la expulsión de los moros” de la Península debía constituir el objetivo fundamental del conjunto de la población cristiana que habitaba esta tierra, por ser los legítimos herederos del reino visigodo; siendo así que, además de estar asistidos por el Derecho, tenían una obligación histórica. Se trataba de defender una tierra, una forma de vida y, asimismo, un credo y una Iglesia. De esta manera, todos, desde los reyes e intelectuales hasta los procuradores de las ciudades, estimaron oportuna la participación armada de los eclesiásticos en esta “santa e noble conquista”64. Lo cierto es que la crónicas castellanas se hallan salpicadas de intervenciones bélicas de los obispos, y no sólo contra el Islam. Ahora bien, desde el punto de vista teórico en la Corona de Castilla se diferenció claramente a la hora de manifestarse sobre el hecho de que un clérigo empuñara la espada contra el infiel o contra un hermano de fe65. Y en este mismo sentido se expresó también Alfonso X en Las Siete Partidas, haciendo caso omiso de los preceptos canónicos que, curiosamente, siempre fueron atendidos en el resto de los temas tratados sobre la Iglesia y el estamento eclesiástico en la I Partida. Así, el Rey Sabio, a la vez de subrayar la obligación de los obispos “que tovieren tierra del rey” de ir a la hueste con el monarca en la lucha contra los enemigos de la fe, les eximía de hacer la guerra contra otros cristianos: “pero si el rey oviere guerra con christianos, debe escusar los perlados e los otros clérigos”66. Los Ordenamientos Militares y las Cortes de Castilla La especial atención prestada al reparto del botín en los fueros municipales, sobre todo en los fronterizos, demuestra hasta qué punto durante carácter ecuménico, es el hecho de que Inocencio III dejara bien claro en la convocatoria de Cruzada realizada en el IV Concilio de Letrán de 1215 que los eclesiásticos que se incorporaran a la misma sólo podían dedicarse a la plegaria y a la predicación, nunca a empuñar las armas. La publicación del texto en Foreville, Raimunda: Historia de los concilios ecuménicos. Lateranense IV, Vitoria, 1973, p. 204. 64  De esta manera lo consideraron los representantes ciudadanos en un número importante de Cortes, Cf. Arranz Guzmán, Ana: “El episcopado y la guerra contra el infiel en las Cortes de la Castilla Trastámara”, en La monarquía como conflicto en la Corona castellano-leonesa (c. 1230-1504), Nieto, J. Manuel (dir.), Madrid, 2006, pp. 253-297. 65  Sirva como ejemplo la opinión expuesta por Don Juan Manuel en su Libro de los estados, parte 2ª, cap. III, p. 344. 66  Las Siete Partidas, I, VI, 52. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 37-58. ISSN: 0482-5748


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