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38 ANA ARRANZ GUZMÁN los primeros siglos de la Reconquista la guerra tuvo en él su principal fuente de financiación, al menos hasta el reinado de Fernando III (1217/30-1252). Pero la progresiva complejidad social y administrativa, así como la acumulación de un territorio cada vez más extenso en manos del monarca castellano y, en definitiva, la propia evolución de los acontecimientos no permitían ya seguir costeando las empresas militares sólo a través de lo arrebatado a los enemigos en el campo de batalla. De ahí que desde el siglo XIII los sucesivos monarcas buscaran nuevas fuentes de ingresos. Uno de ellos, que sin duda conllevó importantes entradas financieras aunque no exentas de problemas, lo constituyeron las transferencias económicas provenientes de la fiscalidad eclesiástica, como los subsidios extraordinarios, la décima y, sobre todo, las tercias reales –las dos novenas partes del diezmo eclesiástico cobradas sobre la parte correspondiente a la fábrica de las iglesiascuya primera concesión la efectuó Inocencio IV en 1247 a favor de Fernando III para el asedio y conquista de Sevilla67. La precariedad económica, sin embargo, era cada vez mayor, resultando ya imprescindible el concurso de las Cortes para poder seguir financiando campañas importantes contra el Islam. La urgencia de numerario se incrementaría sensiblemente a lo largo de la denominada Guerra del Estrecho (1275-1350), obligando a los monarcas protagonistas de la misma –Alfonso X, Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XIa solicitar en Cortes, con cierta frecuencia, la votación de servicios extraordinarios68. Pero las necesidades no eran sólo de carácter económico ya que, desde finales del siglo XIII y a lo largo del primer cuarto de la centuria siguiente, aparecieron también otro tipo de exigencias, originadas por la propia evolución del reino. Castilla se encontraba marcada por la debilidad de la Corona, primero, durante los años de minoridad regia de Fernando IV, entre 1295 y 1301 y, después, a lo largo de la de Alfonso XI, entre 1312 y 1325. Dos etapas especialmente complejas y turbulentas por las perturbadoras acciones de la levantisca nobleza, siempre deseosa de incrementar sus atribuciones y privilegios a costa de la Monarquía. De ahí que la reina María de Molina intentara contrarrestar su poder con el apoyo de los concejos desde la celebración de las Cortes vallisoletanas de 1295. Los periodos de anarquía, los excesos nobiliarios y el sufrimiento generado en la población fueron las constantes de estos tiem- 67  Una clara síntesis sobre el conjunto de las fuentes de ingresos de la Corona provenientes de la Iglesia en Ladero Quesada, Miguel Ángel: Fiscalidad y poder real en Castilla (1252-1369), Madrid, 1993, en concreto, pp. 191-228. 68  Un recorrido sobre las sucesivas Cortes que se convocaron con este propósito en Arranz Guzmán, Ana: “Financiación de los ejércitos y respaldo episcopal a la monarquía ante los procuradores de las ciudades durante la Guerra del Estrecho”, en La organización de los ejércitos, Martínez Ruiz, E., Cantera, J., y Pi Corrales, M. (dirs.), Madrid, 2016, tomo I, pp. 277-324. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 38-58. ISSN: 0482-5748


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