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LAS RAÍCES DE LAS ORDENANZAS MILITARES… 39 pos. Penosa situación a la que ha de unirse también la política cambiante protagonizada por el reino nazarí de Granada, unas veces sometiéndose al vasallaje de Castilla y, otras, manteniendo estrechas relaciones con los benimerines norteafricanos, siempre peligrosos para el reino cristiano. Para comprender en toda su extensión los cambios que iban a operarse en cuanto a la organización del ejército castellano se refiere a lo largo del siglo XIV, además de la turbulencia interna del reino descrita, ha de tenerse en cuenta asimismo la nueva realidad territorial consolidada por Fernando III, el conquistador de Córdoba y Sevilla, tras concertar el pacto de vasallaje ofrecido por el emir granadino en 1246. Un pacto, que conllevaba un elevado tributo a favor del castellano, pero que también comportaba nuevas circunstancias, al quedar fijadas en él las fronteras del reino nazarí, que permanecerían prácticamente inalterables hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos. La repercusión de tal decisión no tardaría en llegar: dejaba de haber tierras para repartir entre los nobles vasallos del monarca como compensación a su actividad guerrera. Todos estos elementos, junto a los cambios operados en las décadas siguientes en las formas políticas y militares, llevaron a los monarcas de Castilla a utilizar las Cortes, además de para solicitar servicios, como plataforma idónea para presentar ante ellas sus nuevas disposiciones y Ordenamientos Militares de carácter general para todo el Reino. Sirvan como ejemplo: las directrices marcadas por Sancho IV en las Cortes de Palencia de 1286 en torno a la convocatoria del ejército y al pago de la fonsadera; o la minuciosa regulación llevada a cabo por Pedro I en las Cortes vallisoletanas de 1351 sobre el Apellido; o los distintos cambios realizados sobre el número de lanzas y capitanías en las Cortes de 1406 y 1429, en tiempos de Enrique III y Juan II. Pero, sin duda, los dos grandes reformadores del ejército bajomedieval en Castilla, que emplearon las reuniones de Cortes para dar a conocer los cambios relacionados con la organización militar, fueron Alfonso XI y Juan I. Los turbulentos años, ya mencionados, que siguieron y, en concreto, aquellos inmediatos a que Alfonso XI tomara personalmente las riendas del poder en 1325, advirtieron al joven monarca de la imposibilidad de confiar en los ejércitos señoriales. Había que tomar, pues, decisiones transcendentales, tanto en lo referente a la financiación del ejército, como a la propia organización y composición del mismo. Con las ideas muy claras, el futuro vencedor del Salado, tras consagrar los primeros años de su reinado efectivo a neutralizar las acciones de los ambiciosos y levantiscos magnates, dedicaría todo su esfuerzo a la actividad reconquistadora. Su propósito no era otro que poner fin al problema generado por la presencia islámica en torno al estrecho de Gibraltar, que tendría su punto álgido en la victoria cristiana Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 39-58. ISSN: 0482-5748


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