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42 ANA ARRANZ GUZMÁN nada la concurrencia de los procuradores de las ciudades; elemento imprescindible para poder calificar la reunión de Cortes. La Crónica, en cambio, sí señala la asistencia de “caballeros e otros omes delas cibdades e villas”. Por otro lado, su estructura no responde a la forma habitual de “peticiones y respuestas”, propia de las Cortes, sino que su distribución está hecha a modo de Ordenamiento, a través de sus 43 leyes. Todo parece indicar que los ciudadanos a los que se refiere la Crónica fueran integrantes de la caballería villana, institución de la que se trató en la asamblea. En cualquier caso, lo realmente importante es que en este Ordenamiento se recoge ya una detallada reglamentación sobre destacados aspectos de la organización militar para el conjunto del Reino, superándose así la anterior etapa foral, y que culminaría diez años después en el Ordenamiento de Alcalá de 134877. En sus leyes, Alfonso XI prestó especial atención a la “caballería popular”, “caballería villana”, o “de quantía” ya que, tras un largo período de escasa actividad bélica a causa de los mencionados problemas internos de Castilla, deseaba reiniciar la gran empresa reconquistadora. Para llevarla a buen fin el rey estimaba crucial contar con sus integrantes, aunque también consideraba necesario emprender una serie de innovaciones en la normativa legal existente sobre la misma. La caballería popular había hecho su aparición en el siglo X, al calor de las exigencias bélicas que conllevaba la guerra abierta contra el Islam, así como las que demandaba la repoblación posterior, por la decisión de los condes castellanos de conceder algunos privilegios a los habitantes de las villas que fueran dueños de un caballo. Unos privilegios que irían incrementándose gracias a la protección otorgada por los monarcas a partir del siglo XI, a raíz de la extensión progresiva hacia el sur de las fronteras del Reino, donde las llanuras se dibujaban especialmente propicias para combatir a caballo. Los privilegios y exenciones que les otorgaron, de acuerdo con lo recogido en los fueros, permitieron a los monarcas disponer de huestes de caballería sin verse obligados a conceder beneficios territoriales o de bolsa, como sí ocurría con los caballeros pertenecientes a la nobleza. Esta caballería popular, además, se había ido desarrollando sobre todo en las ciudades de las extemaduras de predominio guerrero-agrícola-pastoril a partir del siglo XII, cuando las milicias concejiles habían conseguido ya alcanzar un claro protagonismo. Los fueros regularon todo lo concerniente a las exenciones y privilegios que se atribuían a todo vecino con posesión de caballo y armas para combatir. Surgió así un especialísimo grupo social, dotado de un derecho propio, fórum militis, que se extendía a sus hijos y viudas mientras 77  Cortes, I, leyes 71 y 72, pp. 547-552. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 42-58. ISSN: 0482-5748


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