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RHM EXTRA 1 2017

44 ANA ARRANZ GUZMÁN las soldadas que les mandáremos librar en tierra y en dineros”81. Es lo que se conoce como la caballería de acostamiento, profesionalizada, cuyos miembros servían al monarca por un pago periódico en tierras o dineros. Todos estaban obligados a acudir al llamamiento del rey, disponiéndose un sueldo anual de 1.1000 maravedíes. Por dicho sueldo, el caballero tenía la obligación de disponer de un caballo de combate, que portara “quixotes” y “canilleras” y de un valor no inferior a 800 maravedíes; de ir pertrechados con las siguientes piezas de la armadura: “ganbaxes”, una especie de jubón acolchado bajo la coraza, “loriga”, “capellina”, “fojas” y “gorguera”; de hacerse acompañar por un lancero y un ballestero; de combatir gratis durante noventa días, incluso, por un tiempo superior si se trataba de “andaluces”, es decir, de la frontera. Por último, en el Ordenamiento de 1338 se reguló con la dureza usual la pena impuesta para quien no acudiera al llamamiento regio o desertara, “qualquier que se apartara de nos”, reza el Ordenamiento. En concreto, los que se zafaran de acudir al combate eran sancionados con el pago del doble del importe de su soldada y con el destierro por cinco años, no permitiéndoseles regresar durante este tiempo bajo pena de muerte. Desde el reinado de Juan I (1379-1390) hasta la subida al trono de los Reyes Católicos, como fruto de la experiencia y de las nuevas condiciones y aspiraciones de la propia Monarquía castellana, fueron realizándose progresivamente una serie de cambios que resultarían trascendentales para el ámbito castrense. Entre ellos se pueden subrayar los siguientes: el impulso adquirido por la caballería ligera, a la jineta, frente a la caballería pesada, encuadrada fundamentalmente en las mesnadas señoriales y de las Órdenes Militares, que se había ido mostrando cada vez menos eficaz; el incremento de la recluta de lanceros y ballesteros procedentes del sector popular; el aumento considerable del número de soldados, lo que se tradujo necesariamente en una mayor complejidad del abastecimiento y de la organización militar, en general; y el desarrollo de las armas de fuego, que obligó a la Monarquía a buscar nuevas y más contundentes fuentes de financiación para la guerra y para la creación de una cierta industria armamentística terrestre y naval. En este proceso evolutivo de la organización militar el reinado de Juan I, en concreto, adquirió un gran significado por dos motivos fundamentales. El primero fue el nacimiento o consolidación de ciertas instituciones, que resultarían de especial valor en la nueva concepción política de la Monarquía que estaba empezando a arraigar en la Corona de Castilla 81  Cortes, I, p. 450. En concreto, las leyes 14 a 33 del Ordenamiento de Burgos se recogerían en el capítulo LXXII del Ordenamiento de Alcalá de 1348. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 44-58. ISSN: 0482-5748


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