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LAS RAÍCES DE LAS ORDENANZAS MILITARES… 45 frente a la feudalización que durante siglos había imperado. En este sentido hay que destacar, junto a la formación del Consejo, el desarrollo de la Audiencia y el nuevo rumbo emprendido por las Cortes, el fortalecimiento alcanzado por el ejército y las estructuras militares. El segundo consistió en emprender un proceso de adaptación de los medios personales y técnicos a los nuevos tiempos que corrían en el Occidente europeo, marcados por grandes enfrentamientos bélicos, como la Guerra de los Cien Años, o los múltiples y variados mantenidos en el territorio peninsular, cuya experiencia aconsejaba emprender estratégicas innovaciones. Todo ello se traduciría en un progresivo perfeccionamiento de la administración militar a lo largo de las dos últimas centurias medievales. Desde la segunda mitad del siglo XIV el tipo de ejército hasta entonces predominante que obligaba a acudir a todos los hombres a la guerra, salvo concesión de privilegio, y que era dirigido personalmente por el monarca, iría dando paso progresivamente a otro en el que ya no resultaba imprescindible el estar encabezado por el rey y en donde la recluta de los soldados obedecía cada vez más a criterios de profesionalidad82. El monarca no debía correr riesgos innecesarios. Su muerte podía conllevar consecuencias dramáticas para la estabilidad del Reino. Además, no todos los reyes poseían el mismo espíritu guerrero, ni las mismas aptitudes para entrar en combate. Quedaban ya muy lejos los tiempos cuando los primeros reyes astures eran, antes que nada, caudillos militares. El rey del futuro Estado Moderno debía ser diferente. Por otro lado, la cada vez mayor complejidad de la guerra exigía, como ya se ha apuntado, no sólo la profesionalidad de la tropa, sino también, incluso aún más, que los mandos estuvieran especializados y curtidos con la experiencia de campañas anteriores. Todos los estudiosos del tema coinciden en señalar el reinado de Juan I como el más destacado, en cuanto a reformas militares se refiere, con anterioridad a la subida al trono de los Reyes Católicos83. Pero parece necesario preguntarse por qué fue este monarca, de compleja personalidad y especialmente preocupado por temas en principio tan ajenos al que nos ocupa, como el de la reforma de la Iglesia, la correcta conducta moral de los cristianos o el Cisma, quien se decidió finalmente a acometer las más intensas reformas 82  Las consecuencias que podían derivarse de la muerte del monarca en el campo de batalla ya habían sido tenidas en cuenta mucho antes por grandes estrategas, como el arzobispo de Toledo, don Gil Álvarez de Albornoz, quien no dudó en asir del brazo a Alfonso XI para impedir su presencia en la vanguardia durante la batalla del Salado, según nos refiere la Crónica de Alfonso Onceno. 83  Las monografías sobre este reinado de Luís Suárez Fernández siguen siendo imprescindibles para su conocimiento: Historia del reinado de Juan I de Castilla, Madrid, 1977-1982, 2 vols. Y Juan I (1379-1390), Burgos, 1994. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 45-58. ISSN: 0482-5748


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