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48 ANA ARRANZ GUZMÁN cuantía debían disponer de sus cuerpos y, si estaban “sanos de ssus miembros”, tenían que conseguir hacerse con el equipo mínimo89. Un segundo aspecto regulado en 1385 fue la protección de la caballería equina. Castilla, reino productor y exportador de caballos a la vez que poseedora de sobresalientes conocimientos sobre su cría, había podido observar que se enfrentaba ahora a un tipo de guerra en el que la caballería pesada, empleada preferentemente en los países al norte de los Pirineos, perdía el lugar preferente mantenido hasta entonces. Una realidad, sin embargo, que no evitó que se siguiera perfeccionando el equipo del caballero y de su montura, más costoso y utilizado en las mesnadas de los grandes nobles90. La explicación a dicha pérdida hay que buscarla tanto en las pocas batallas campales que habían tenido lugar después de la del Salado, como en la limitada eficacia que habían demostrado tener las cargas de caballería ante el progresivo predominio de otros tipos de operaciones militares bélicas más frecuentes, como las algaradas. De aquí que, la caballería ligera, a la jineta, de origen musulmán y ya predominante en tierras andaluzas, acabara creciendo en importancia en el conjunto de la Corona castellana por adaptarse mejor al tipo de guerra rápida y contra los grupos de infantería, especialmente en lugares abruptos. Sus características son conocidas: armadura más ligera, caballos rápidos de ágiles movimientos, estribos cortos… y, sobre todo, destinada a encuentros fugaces. En cualquier caso, la caballería como arma de choque seguía resultando fundamental en el campo de batalla, por lo que en las citadas Cortes de 1385 se volvió a regular la protección de la cabaña equina, confirmando la legislación de Alfonso XI de 1348 que obligaba a los propietarios de determinado patrimonio a mantener el mismo número de caballos que de mulas, y de un valor superior a los 600 maravedíes. También en esta asamblea de Valladolid se ordenaron, entre otras varias, disposiciones como la referente a la obligación de mantener caballo a quien tuviera mula, so pena de perderla si no lo hiciera así; o la que ordenaba a quien vendiera un caballo comprarse otro en el plazo máximo de un mes; así como que los propietarios se presentaran cada cuatro meses con sus monturas ante los alcaldes, encargados del control de las mismas91. La protección a la cabaña equina se trataría de nuevo unos años después, en el “Ordenamiento de sacas” realizado en las Cortes de Guadalajara de 1390. En él se prohíbe, tanto a caballeros como a 89  Ibid., p. 316. 90  Se trata del armamento denominado “a la guisa”. Sobre el tema, vid. Ladero Quesada, Miguel Ángel, La organización militar…p. 212. 91  Cortes, II, pp. 316-319. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 48-58. ISSN: 0482-5748


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