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50 ANA ARRANZ GUZMÁN a todos los “encubrimientos” perpetrados por los obligados a la prestación militar cuando se les convocaba a la hueste94. También con Juan I reapareció en Castilla, aunque con otro significado al que había tenido en tiempo de los visigodos, el Comes stabuli de palacio. El ahora Condestable hacía referencia al oficio que en Francia ostentaba las atribuciones militares propias del jefe del ejército real que, hasta esos momentos en Castilla había disfrutado el Alférez, pero que a partir de entonces pasaba a convertirse sólo en el abanderado, o “Alférez del pendón real”. Paralelamente a que el monarca decidiera adoptar el modelo francés, instituyendo la dignidad de Condestable el año 1382 como la más alta jerarquía dentro de su ejército, haría lo propio con el nombramiento de dos mariscales para auxiliar a éste en el aprovisionamiento y asentamiento de las tropas, aunque lo cierto es que no llegaron a arraigar. El oficio de Condestable, por el contrario, y pese a acabar por convertirse con los Reyes Católicos en un título honorífico, en el momento de su creación tuvo unas grandísimas atribuciones: el mando del ejército real en ausencia del monarca; la jurisdicción civil y criminal sobre los integrantes de la hueste regia; y la salvaguarda de las fortalezas del Reino. Los cambios y avances operados en materia castrense a lo largo del siglo XIV son, sin lugar a dudas, una realidad constatable. Pero también lo es que todavía en la Baja Edad Media Castilla carecía de sistemas claros de encuadramiento, de cadenas de mando estables, así como de una simbología y uniformología militar verdaderamente desarrolladas. Tampoco existían apenas oficios específicos, con la excepción de los mencionados o el de Alcaide de los Donceles, instituido hacia 1380, con el cometido de educar a los donceles para la formación de cuadros, o algunos de los establecidos por Alfonso X (Adelantados Mayores, Alcaides de los castillos, Almirante). Tal situación obligaba a que a la hora de encuadrar en la hueste real los cuerpos militares señoriales, concejiles o de la Órdenes Militares, y de programar la estrategia a seguir, la intendencia, o el propio establecimiento de “los reales”, tuviera que realizarse en la corte por el mismo monarca asesorado por sus consejeros y por algunos oficiales cortesanos y nobles que eran llamados para cada ocasión95. 94  Sobre la institución del Consejo y, en general, sobre el sentido de las medidas adoptadas en las Cortes de Briviesca, pueden consultarse, entre otros, los estudios de: Salustiano de Dios: El Consejo Real de Castilla (1385-1522), Madrid, 1982, pp. 77-85; y Morán Martín, Remedios: “De la prestación militar general al inicio del ejército permanente (Castilla. Siglos XII-XIII)” en Estudios sobre Ejército, Política y Derecho en España (siglos XII-XX), Alvarado Planas, J. y Pérez Marcos, Regina (coords.), Madrid, 1996, pp.25-63. 95  Cf. Ladero Quesada, Miguel Ángel, El ejército…, pp. 229-230. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 50-58. ISSN: 0482-5748


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