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54 ANA ARRANZ GUZMÁN armamento militares, se mantuvieron las cuantías fijadas entonces, que iban desde los 200 hasta más de 20.000 maravedíes105. −− Por último, quienes no pasaran correctamente el alarde quedarían en prisión hasta pagar una multa equivalente al valor del armamento no presentado y hasta poder, finalmente, acreditar la disposición del mismo. La memoria de cada alarde efectuado debía ser enviada al recaudador del obispado, quien la remitiría después al monarca106. Resulta más que complicado poder valorar hasta qué punto este ambicioso sistema de reclutamiento y control económico y administrativo hubiera resultado realmente eficaz y de inmediata aplicación si el rey de Castilla no hubiera fallecido pocos días después de su redacción, abriéndose un delicado periodo de minoridad regia con Enrique III107. En cualquier caso, la propuesta ordenancista de Juan I ha de ser entendida no como una gran innovación, sino como una relevante apuesta que recogía la herencia de los alardes del siglo XII y, en general, la derivada de la legislación de Alfonso XI, quien ya con un carácter territorial había fijado la cuantía de bienes por la que se exigía al caballero mantener montura y armas de guerra. Una herencia que, al menos desde el punto de vista teórico, fructificó en sus manos. Quizá la planificación de Juan I era poco viable para aplicarlo en aquellos momentos, pero sí consiguió, en cambio, impulsar la territorialidad en materia de legislación militar y abrir el camino al ya mucho más perfeccionado sistema militar de los Reyes Católicos, cuyas Ordenanzas de 1495 y 1496 son claramente deudoras de su iniciativa108. 105  Cortes, II, p. 464. 106  Cortes, II, p. 467. 107  Lo cierto es que los primeros documentos conocidos sobre este tipo de alarde datan ya del siglo XV. Cf. Suárez Fernández, Luis: Historia del reinado de Juan I…, I, p. 350, y Torres Fontes, Juan: “La caballería de alarde…”, pp. 31 y 37. 108  Resulta muy significativo en este sentido el contenido del famoso informe realizado por el Contador Mayor Alonso de Quintanilla en 1495, sobre las medidas que había concebido en torno al armamento general del Reino y la creación de una milicia, y que tomaron forma legal en las mencionadas Ordenanzas de 1495 y1496. En ellas puede observarse con claridad la inspiración recibida de los Ordenamientos de Juan I (los dos controles anuales, la composición del equipo militar en relación a la fortuna particular…); aunque, como no podía ser de otra manera, con las variantes marcadas por la evolución de los tiempos y, con ellos, entre otras muchas cosas, del mismo armamento, impulsando, por ejemplo, la espingarda frente a la ballesta. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 54-58. ISSN: 0482-5748


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