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62 PABLO MARTÍN PRIETO primer modelo de organización militar. Este modelo, que podemos llamar sencillamente “tradicional”, consta de un núcleo relativamente coherente y estable de prácticas y normas consuetudinarias que actúa simultáneamente en lugares distantes, y que será conocido fragmentariamente cuando en cada uno de dichos lugares se vayan poniendo por escrito las especialidades de su derecho local y privilegiado. Así, se observa un fondo común, en lo relativo a la regulación normativa de las actividades militares, subyacente a los más antiguos ordenamientos de fueros, usos, costumbres y cartas de población y de franquicia de localidades y territorios de los condados orientales de la Marca Hispánica, Aragón y Navarra. Posteriormente, la evolución social y la misma marcha de la Reconquista hará necesario introducir cambios en ese modelo “tradicional”, nunca formalmente derogado, de organización del esfuerzo bélico. A lo largo del siglo XIII, la gran transformación del panorama de las necesidades militares que típicamente se asocia con el reinado de Jaime I el Conquistador ayudará a poner en pie nuevas formas de organización. Y a partir de esta nueva época, la multiplicación de las fuentes de archivo disponibles exige diversificar la atención, desde aquellos fueros, cartas y privilegios, para incluir una creciente variedad de tipologías documentales y recoger el protagonismo de nuevos ámbitos institucionales, como las Cortes. Hacia el final de la Edad Media, la riqueza de la documentación fiscal y administrativa en general, recogida en fondos de archivos como el de la Corona de Aragón y el de Comptos, permite describir la materia militar con un grado de detalle impensable para los primeros siglos de la Reconquista. El elemento decisivo común a estas dos épocas sumariamente evocadas, la clave de bóveda en la articulación de la sociedad y de la organización militar es evidentemente la corona: el rey como primer miles y señor de la guerra es la referencia clave que centra y dirige los esfuerzos bélicos4. En su torno y bajo su dirección se reúne y organiza la fuerza militar del reino. En todo momento, pertenece a la corona la última decisión legítima sobre hacer la guerra y la paz, y cuando toca lo primero, la iniciativa para la convocatoria y movilización de los efectivos y la alta dirección de las operaciones. Cuando en la Baja Edad Media la movilización de las mesnadas tradicionales vaya cediendo su protagonismo a la recluta de contingentes a soldada y mercenarios, también será la iniciativa regia la que centralice las decisiones al respecto, correspondiendo a los servicios de la administración fiscal organizar y requerir la financiación necesaria al respecto. Los mandatos del rey son, por lo tanto, una referencia central para estudiar la organización 4  “La potencia militar dependía, sobre todo, del poder de la monarquía”: SESMA MUÑOZ, “Guerra, ejército y sociedad”, p. 23. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 62-84. ISSN: 0482-5748


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