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72 PABLO MARTÍN PRIETO en 123252). También es interesante registrar que en 1225, en una carta de franquicia catalana, ya se considera el servicio de hueste y cabalgada como comprendido, con otras cargas, dentro de la categoría de “malos usos”53. En fechas más tardías, la documentación permite comprobar su evolución hacia una forma más de apellido o servicio de guardia contra malhechores y para la conservación del orden público54. Al servicio de hueste y cabalgada están obligados en general los infanzones durante tres días a su costa (en el Fuero General de Navarra se contempla que puedan ampliar ese plazo voluntariamente hasta nueve días55, si bien no se alcanza a comprender bien la necesidad de esa precisión, ya que cabe suponer que nada impediría a un infanzón prolongar el tiempo de servicio a su costa incluso más allá de los nueve días, si lo hiciera por su propia iniciativa). Pero la obligación se extiende hasta los tres meses para aquellos nobles ligados al servicio del rey por un vínculo especial, en prenda del cual tienen de él feudos o beneficios (en Aragón, típicamente honores56). Los vasallos del rey, así pues, deben poner en pie y mantener a su costa mesnadas propias que aportarán a servicio del soberano cuando éste lo requiera, por un tiempo de servicio de tres meses al año57. En el Fuero General de Navarra se recogen ejemplos ya reglados de tales mesnadas señoriales, cuando se prescriben cómo han de ser aquéllas con las que el obispo de Pamplona y el abad de Montearagón deben contribuir a la hueste real58. A partir del siglo XIII se impone la costumbre de subvencionar el rey (o pagar por anticipado) la contribución militar de sus vasallos con la entre- 52  LEDESMA RUBIO, Cartas de población, p. 214: “en aquel año en que ireis en ejercito mandados, estad esentos de servirnos en dos cavalgatas; empero si no levantareis ejercito, servid nos en cada un año con tres cavalgatas”. 53  FONT RIUS, Cartas de población, p. 349: “absolvimus, diffinimus ac relaxamus vobis … multas malas consuetudines que super vos constitute erant … scilicet intestationes, cugucias, exorquias, questias, toltas, forcias, hostes et cavalcatas” (carta de franquicias dada por el abad de Poblet a los habitantes de Juncosa, Torms i Soleraç, en 1225). 54  Ibidem, p. 557: “Ita quod predicti de novo construentes dictas domos et habitantes … non teneantur ire in cavalcatas, nec in hostes, nisi encalsando aliquem malefactorum qui dampnum dederit in termino castri de Solterra” (carta de franquicias dada por el señor de Solterra y La Rovira a los nuevos pobladores de la cellera de San Hilario de Sacalm, en 1337). 55  UTRILLA UTRILLA, El Fuero General de Navarra, p. 182: § 35. “E si algun fidalgo quisiere fer sobra de complimiento de que faga IX dias con su conduyto, porque a sua casa fuere, el rey non deue auer clamos d’eyl”. 56  LACARRA DE MIGUEL, J. M.: “Honores y tenencias en Aragón, siglo XI”, en Cuadernos de Historia de España, 45-46, 1967, pp. 151-190. 57  SESMA MUÑOZ, “Guerra, ejército y sociedad”, p. 25. 58  El obispo de Pamplona debía acudir personalmente y aportar un contingente de cien caballeros; el abad de Montearagón debía contribuir con capellán, libros, campanas, etc., para el culto castrense, y un contingente de veinte caballeros: UTRILLA UTRILLA, El Fuero General de Navarra, p. 428: §§ 499-500. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 72-84. ISSN: 0482-5748


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