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78 PABLO MARTÍN PRIETO milicias urbanas, respondiendo a las transformaciones coetáneas en la forma de hacer la guerra, que parecían demostrar las ventajas del combate a pie79. Todos estos detalles, del máximo interés para comprender la evolución de las técnicas militares de la época, se coligen del estudio de las ordenanzas respectivas, sin olvidar otros testimonios menos formales, como por ejemplo una carta del rey también citada por Ferrer Mallol, dirigida en el mismo año al gobernador de Valencia, ordenándole convocar huestes de las localidades entre Játiva y Valencia, sin que la falta de caballo pudiera ser alegada como excusa para la incomparecencia de los llamados, ya que previsiblemente el combate, llegado el caso, sería a pie80. Iniciado el proceso de contratación, es necesario redactar y aplicar ordenanzas con la tasación minuciosa de las soldadas ofrecidas a quienes se alisten, de acuerdo con su categoría y equipamiento, dentro de los cupos previstos81: por un lado estaba la caballería pesada, las unidades encabezadas por los caballeros armados (o lanzas), constituidas en total por cuatro o cinco efectivos y dos o tres caballos; por otro, la caballería ligera de los caballeros alforrados (o a la jineta), que llevaban usualmente dos peones consigo; en la infantería formaban distintos colectivos: peones o escuderos, pero también ballesteros y el cuerpo de infantería ligera (o “de guerrilla”) de los almogávares. A cada uno de estos tipos de combatientes se asignaba una soldada diferente82, que se pagaba típicamente en dos tiempos: un adelanto o anticipo en el momento de la inscripción (acorriment de sou) y un cumplimiento o finiquito al terminar la empresa (paga complida). El proceso burocrático, en que colaboraban las autoridades locales y los agentes de la administración regia, requería llevar una contabilidad precisa en tres libros o registros que debían casar entre sí: los llibres de mostres (registro de caballeros con sus monturas y otros efectivos alistados), llibres de estimes (valoraciones de los caballos) y llibres d’acorriments de sou (registro de las soldadas pagadas); también pueden consultarse en los archivos las órdenes de pago dirigidas por el rey al tesorero y diversas provisiones relacionadas con todo el proceso. Ya que la inscripción en una u otra categoría dependía de la posesión de caballos y equipos de armas adecuados, conforme a unos baremos establecidos, era necesario arbitrar un sistema de inspección, alar- 79  Ibidem, pp. 203-205. 80  Archivo de la Corona de Aragón, Cancillería, reg. 1224, f. 39r: ibidem, p. 206. 81  Así, por ejemplo, la ordenanza dada en Valencia el 15 de noviembre de 1369: Archivo del Reino de Valencia, Real Cancillería, no. 622, ff. 146r-146v, citada por SÁIZ SERRANO, Guerra y nobleza en la Corona de Aragón, p. 77, nota 74. 82  Puede tomarse como referencia: siendo 1 la soldada del caballero armado, 1/2 la del caballero alforrado y la del ballestero a caballo, 1/4 la del ballestero a pie y 1/8 la del peón lancero: LADERO QUESADA, “Baja Edad Media”, p. 288. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 78-84. ISSN: 0482-5748


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