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RHM EXTRA 1 2017

LAS ORDENANZAS DE LAS GUARDAS DE CASTILLA: LA FORMA… 89 No obstante, desde el principio parece existir notable desproporción entre hombres de armas y jinetes. Carlos V tiene a las guardas en sus planes militares (1516-1550), como también en los de mejora y organización que protagonizan en la segunda mitad del siglo XVI y en el reinado de Felipe III. En efecto, el emperador debe adecuar las guardas a sus compromisos y exigencias militares que se van a multiplicar. ¿Y qué es lo que se encuentra?: escasez de efectivos y mucho retraso en las pagas. ¿Cuál es su aspiración?: adecuar más la realidad de las guardas a las necesidades militares. Al parecer, esta unidad no quedó al margen del conflicto que estallaba al poco de llegar el emperador: comunidades y germanías. Las guardas se dividieron entre los dos bandos, estimándose que unas 500 lanzas lucharon con los rebeldes, más o menos la mitad de los efectivos disponibles entonces. Una vez superado tras la batalla de Villalar (1521), para evitar futuras complicaciones y los peligros de una posible invasión a través de los Pirineos por parte de Francia y al objeto de alcanzar una victoria en Italia, el emperador y sus colaboradores pusieron en marcha una reforma militar fruto de una ordenanza, la de 1525, que iba a definir el modelo militar de los Austria, consistente en dos ejércitos: el del interior peninsular, un heterogéneo conjunto que tenía en las guardas su elemento de referencia más destacado; y el del exterior con el que afrontará los compromisos que se le presentarán en Europa, con los tercios como elemento de referencia. Es una estructura que perduraría hasta la llegada de la nueva dinastía, los Borbón. La ordenanza de 1525, en cuanto a contenido y concepción, está en la línea de la de 1503, con unas disposiciones muy minuciosas que se reparten en 88 artículos, igual que la de 1554 y la posterior de 1613. En esta ocasión se reducen sus efectivos: de 1.500 hombres de armas a 1.000, con un costo de 128.000 ducados anuales y 1.000 jinetes, cuyo mantenimiento suponía el gasto de 828.000 ducados al año. En ella se diferencian claramente los empleos o cargos de capitán, teniente y alférez: el primero sería pieza fundamental para el levantamiento de las unidades, el segundo su hombre de confianza y el tercero se encargaría de llevar el estandarte, la bandera que singulariza su compañía en el conjunto del ejército. Además, en 1525 se aumentaron los sueldos, de manera que los hombres de armas cobrarían 100 ducados anuales, los jinetes 70, 600 los capitanes, 200 los tenientes y 100 los alféreces. Por otra parte, se exigía mayor puntualidad y orden en las pagas, pues era evidente el acuciante problema del atraso en el abono de los haberes, algo a todas luces permanente, dados los elevados intereses que pagaba la hacienda real para hacerse con el dinero de cada momento. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 89-100. ISSN: 0482-5748


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