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90 MAGDALENA DE PAZZIS PI CORRALES En esa disposición se busca igualmente controlar que las guardas no estuvieran fuera de sus puestos para evitar el enfrentamiento con los paisanos de los alojamientos, pues eran los pueblos quienes soportaban más el esfuerzo militar español. Así, se les obligaba a que cuando no estuviesen en la frontera ni en guerra debían residir ocho meses al año con sus unidades, intercalándolo con la estancia en sus casas. Desde el punto de vista administrativo se solicitaba el cargo de veedor general para el control de las guardas y la documentación nos informa de la selección de Íñigo de la Cueva como el primero en dicho cargo. Después de 1525, la internacionalización de la guerra imperial – a partir de 1529 el avance de los turcos, el fracaso de la Dieta de Ausgburgo en 1530 y la formación de la liga Esmalcalda en 1532-, forzó al emperador a la orden de Génova de 1536 que conduciría a la puesta en marcha de los tercios, para actuar en el exterior. Ya en 1529 la emperatriz Isabel le había comunicado el estado de las guardas considerándolo lamentable, de manera que parece que de poco habían servido las reformas de cuatro años antes. Así, en 1551 y 1554 se volvieron a promulgar nuevos reglamentos. Llama la atención que sean tan seguidas y casi idénticas, lo que hace pensar que las de 1551 no se pusieron en práctica y por ello se repitieron tres años después. En ambas se insisten en la conveniencia de pagar puntualmente para evitar que las guardas tengan roces con los vecinos de los aposentamientos, dando sensación más bien de un recordatorio que algo novedoso. También se hace evidente que se prioriza siempre el tratamiento de las fuerzas fuera de la Península Ibérica, dejando para una mejor ocasión -que nunca parece llegala solución de los problemas relativos a los contingentes y a la defensa del interior. Pero no adelantemos acontecimientos. En efecto, en 1573, después del éxito de Lepanto, tras la sublevación de los Países Bajos, antes de la segunda bancarrota (1575) y tras el triunfo sobre los moriscos sublevados en las Alpujarras (1568-1571), se publicó una ordenanza en 1573. Ya desde 1562 el consejo de guerra venía pidiendo a Felipe II que defendiera el reino de Castilla por tierra y por mar, especialmente en Granada y en Navarra. Esta ordenanza reforzaba y reiteraba las de 1551 y 1554 y llama la atención su brevedad (veinte artículos), pues prescindía en gran parte de los aspectos administrativos y orgánicos para centrarse en solucionar las cuestiones que se le habían advertido ya al monarca en numerosas ocasiones: las guardas estaban mal pagadas, mal armadas, mal montadas y mal relacionadas con los habitantes de los aposentamientos. Como si esta disposición quisiera incidir en lo que no funcionaba y se pretendía remediar. También estaban faltos de efectivos y los existentes se encontraban en muy mal estado. Se Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2017, pp. 90-100. ISSN: 0482-5748


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