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Revista Historia Militar Extra 1 2018

160 MANUEL RETUERCE VELASCO - JOSÉ JAVIER DE CASTRO FERNÁNDEZ interesantes al incluir un escudo del obispo conquense Jacobo Antonio Véneris, que cuenta con su capelo y borlas, y del arcediano Gabriel Condumario, que curiosamente no tiene ningún distintivo de su cargo eclesiástico. De la segunda mitad del siglo XV, son los escudos de Juan Arias Dávila y Juan Arias Villar en el castillo de Turégano. Si bien, el gran escudo de este periodo es el que manda colocar el obispo Alonso de Fonseca en su castillo privativo de Villanueva de Cañedo, que cuenta con su capelo y una serie de hasta seis borlas; además de decorar el interior del castillo con los blasones de sus padres, Pedro de Fonseca e Isabel de Quijada. Del siglo XVI contamos con los escudos de Diego de Ribera en Turégano. En Bonilla, el del obispo Pedro Fernández Temiño (1581-1590); en Ucero, del obispo Honorato Juan (1564-1566) y del obispo Francisco Tello Sandoval (1567-1578), en las murallas del Burgo de Osma. El escudo más curioso de este periodo es el que manda esculpir el canónigo sochantre de la catedral de Burgos y pronotario apostólico Andrés Ortega, en su castillo de Mazuelo de Muñó al que incorpora el capelo y una serie de cuatro bolas. Por último, contamos con un escudo de principios del siglo XVII, perteneciente al cardenal toledano Bernardo Sandoval y Rojas (1599-1618), situado en el castillo de Cazorla y que incluye el capelo cardenalicio, las borlas y la cruz patriarcal. SIGLO XVI. LAS FORTIFICACIONES ABALUARTADAS El siglo XVI es el momento en que las armas de fuego determinan la forma de las fortificaciones. Nacen los baluartes pentagonales y las grandes cañoneras donde alojar los nuevos cañones de bronce. Se abandonaban así los modelos medievales. Pese a que pueda parecer lo contrario, nos encontramos con nuevas fortalezas y fortificaciones promovidas por el clero para defensa de sus catedrales y señoríos. Es el caso de Almería, que debe fortificarse ante la amenaza interior de rebelión de los moriscos y la amenaza exterior de los piratas berberiscos desde la cercana Argel; unas amenazas que en definitiva eran complementarias. El segundo ejemplo es la fortificación que se diseña a finales del siglo XVI en Santiago de Compostela, promovida por su señor y arzobispo, con el objeto de defender las reliquias del Santo ante un eventual ataque inglés. Unas razones muy curiosas, pues transcurridos muchos siglos, se retoma así lo ocurrido en el siglo XI con la construcción del Castellum Honesti y las murallas urbanas de Compostela. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 160-174. ISSN: 0482-5748


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