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Revista Historia Militar Extra 1 2018

164 MANUEL RETUERCE VELASCO - JOSÉ JAVIER DE CASTRO FERNÁNDEZ Los castillos residencia Durante el siglo XVI, algunos de los antiguos castillos medievales, los menos, van a seguir siendo utilizados por los obispos, si bien con diversos usos. Principalmente dos: el habitual de lugar de residencia, en el caso de Bonilla de la Sierra, o como presidio, en el caso de Turégano. En Bonilla de la Sierra (Ávila), el interior del castillo se convirtió así, en 1552, en un palacio renacentista de la mano del obispo Diego de Álava. Entre 1581-1590, continuó las obras el obispo Pedro Fernández Temiño, cuyo escudo campea entre las ruinas de la fortaleza. Por el contrario, en Turégano, donde se realizaron algunas obras de mejora durante el primer tercio del siglo XVI, se cambió su función pasando a ser la cárcel de la mitra; en concreto, para eclesiásticos de la diócesis segoviana. En 1585, alcanzará fama internacional al ser encerrado entre sus muros Antonio Pérez, secretario de Felipe II. Otras fortalezas que también fueron mejoradas durante este siglo fueron el castillo de Cazorla, donde además el arzobispo de Toledo, Bernardo de Sandoval, en 1606, colocó su escudo de armas. SIGLO XVII En este siglo priman ya las grandes fortificaciones que engloban totalmente una población. Si antes se pensaba que era suficiente con un castillo con baluartes, las nuevas tácticas de guerra obligan a defender en su integridad las grandes villas y ciudades. A mediados del siglo XVII, España está en guerra contra Portugal y uno de los principales frentes del conflicto es la zona fronteriza del río Miño. Y así, la ciudad de Tuy jugará un papel clave al ser una de las principales poblaciones situadas en su ribera. Si bien la villa seguía el bajo señorío del obispo, las obras fueron promovidas por la Corona. En 1663, el ingeniero marqués de Buscayolo realizó un proyecto para sustituir el antiguo sistema medieval defensivo de Tuy, pues la muralla medieval ya no protegía los nuevos barrios extramuros, bastante amplios y que habían surgido al amparo de los monasterios de Santo Domingo y San Francisco. Buscayolo, quien también realizó el proyecto defensivo para Ciudad Rodrigo, dotó a las nuevas murallas con sendos baluartes, pero en él solo se contemplaba la inclusión del barrio de San Francisco dejando fuera el de Santo Domingo, que debía derribarse para seguridad de las nuevas defensas. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 164-174. ISSN: 0482-5748


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