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Revista Historia Militar Extra 1 2018

20 ANA ARRANZ GUZMÁN Pero, como ya se ha señalado antes, la plenitud medieval presenta diferentes rostros. Por ello, cuando no se intentaba convencer al auditorio, sino tan sólo declarar el sentimiento que el enfrentamiento armado o la figura del guerrero despertaban en el autor, éste no dudaba en dejar correr la fantasía, el regocijo, la ironía o la crítica abierta, según cada caso. En este sentido, fue la poesía lírica, la más íntima expresión del sentimiento humano, la que nos legó del Medievo un destacado número de composiciones poéticas sobre la milicia y el espíritu castrense. Algunos son versos llenos de color y de exaltación de la guerra y del caballero; otros, por el contrario, de dolor, engaños y miserias. Uno de los rostros más idílicos sobre la guerra y, por otro lado, de mayor consideración, en cuanto que la sociedad feudal se caracterizaba fundamentalmente por la belicosidad, siendo sus mayores héroes los guerreros, es el que nos presenta el famoso poema, de enorme riqueza visual, compuesto por el caballero aventurero y trovador, Bertran de Born (c. 1140- c. 1215)6: “Mucho me gusta el alegre tiempo de Pascua que hace nacer hojas y flores, me gusta oír el júbilo de los pájaros que hacen resonar su canto por el ramaje, y me gusta ver las tiendas y los pabellones plantados en las praderas. Pero más me gusta cuando veo alineados por el campo a caballeros y caballos armados. Y me complace cuando los batidores hacen huir a las gentes con su hacienda -ganados- y me gusta cuando veo venir detrás de ellos una gran hueste de hombres armados; y le place a mi corazón cuando veo fuertes castillos sitiados y las empalizadas rotas y hundidas, y ver la hueste en la orilla toda rodeada por fosos…Y también me gusta ver a un señor cuando es el primero en atacar a caballo, armado e intrépido, porque de este modo enardece a los suyos. Y luego, cuando se inicia la refriega, todos deben estar preparados para seguirle de buen grado, ya que a nadie se estima hasta que ha dado y recibido golpes. Y cuando comience la batalla veremos mazas y espadas, yelmos de color y escudos, todos rotos en pedazos, y muchos vasallos recibiendo grandes golpes a la vez; y por allí, errando a la ventura sin jinetes, los caballos de los muertos y de los heridos. Y una vez iniciada la refriega, ningún noble caballero pensará más que en romper cabezas y brazos. Os 6  Se trata de un personaje controvertido, ligado a la historia de los Plantagenet, beligerante en buena medida por sus necesidades económicas, a quien Dante, en su Divina Comedia, situó en el infierno (canto XXVIII). Fue, además, uno de los trovadores más prolíficos de su época (se conservan 47 composiciones suyas). Acabó sus días como monje en el monasterio cisterciense de Dalon. Sobre su persona y obra, vid. Florilège des troubadours, Berry (ed.), París, 1930; Appel, Carl: Bertran von Born, Halle, 1931; Gouiran, G: L’Amour et la Guerre. L’oeuvre de Bertran de Born, 2 t., Aix-en-Provence- Marsella, 1985. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 20-76. ISSN: 0482-5748


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