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Revista Historia Militar Extra 1 2018

212 FERNANDO RODAMILANS RAMOS restauración de la antigua sede metropolitana, por lo que la colisión con los derechos adquiridos por Narbona estaba garantizada. La sucesión de hechos que se propone es la siguiente: desde Barcelona se comunicó a Urbano II la intención de avanzar en la reconquista y restauración arzobispal de Tarragona, probablemente mediante carta del propio Berengario de Vic o del conde Berenguer II. El Papa solicitó entonces información a quien mejor conocía la situación hispana, es decir, al otrora legado Ricardo de Marsella (ca. finales de 1088), quien respondió negando los derechos arzobispales de Tarragona y respaldando así los intereses de Narbona. Al conocer esta circunstancia, Berengario de Vic acudió a Roma a defender personalmente la concesión de la dignidad metropolitana para Tarragona. La impresión que su visita causó en la curia fue muy satisfactoria. El obispo Berengario no sólo defendió la categoría metropolitana de Tarragona, sino que pudo presentar el privilegio arzobispal concedido por Juan XIII al obispo Atón de Vic de 971 (v. ut supra). Tales derechos cobraban nuevo sentido ante la inminente reconquista de la Tarraconense, puesto que el conde Berenguer Ramón II dominaba ya Villafranca y los alrededores de la capital. En 1089 se fraguó la restauración de Tarragona en la persona de Berengario de Vic, quien obtuvo de Urbano II el nombramiento como arzobispo de Tarragona en 109151. El legado Rainerio llegó a España con el encargo y la potestad para poner en práctica la restauración efectiva52. Lo cual, como se ha señalado, colisionaba con los intereses del arzobispo Dalmacio, quien defendía que todas las diócesis del noreste hispano habían permanecido desde hacía siglos como sufragáneas de la narbonense. Esto era una realidad, de tal manera que, históricamente, tanto la postura de Narbona como la de Vic podían encontrar una justificación en la compleja situación que la invasión musulmana había provocado en aquellas diócesis. La postura de la Sede Apostólica era clara: mientras dicha restauración se llevase a cabo, y, por lo tanto, sólo de manera temporal, los obispos de la Iglesia de Tarragona seguirían obedeciendo al arzobispo de Narbona como a su metropolitano, tal como llevaba sucediendo desde la destrucción y ruina de Tarragona por la invasión musulmana. Una vez reconquistada y restaurada la ciudad, la sede eclesiástica retornaría a Tarragona, y lo haría con su antigua dignidad metropolitana. El cardenal legado Rainerio concertó con Berengario de Vic la manera en la que había de restablecerse en su persona el arzobispado tarraconense. 51  AGUIRRE, Collectio maxima, T. V, pp. 12-13. 52  MANSILLA, D., La documentación..., Doc. 31, pp. 48-49. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 212-268. ISSN: 0482-5748


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