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Revista Historia Militar Extra 1 2018

EL ASCENDIENTE ECLESIÁSTICO EN EL LENGUAJE BÉLICO… 21 lo digo con franqueza, en nada encuentro tanto placer, ni en el comer, ni en el beber, ni en el dormir, como cuando oigo gritar ¡A ellos! por ambas partes, y el relinchar de los caballos sin jinetes y oigo el grito de ¡socorredme, socorredme!, y veo caer a grandes y pequeños sobre la hierba y cuando descubro, en fin, los muertos con sus costados atravesados todavía con astillas de lanzas con sus pendones”7. Pero si el caballero Bertrand de Born, antes de entrar en religión, escribió estos vehementes versos exaltadores de la guerra y de los guerreros, otros intelectuales y eclesiásticos de los siglos centrales del Medievo dejaron testimonios bien distintos. Así, Pedro Abelardo (1079-1142), el máximo representante de la corriente dialéctica de la época, hombre también de verbo encendido y desafiante, jamás dudó en repudiar abiertamente el oficio militar, pese a tener hermanos dedicados al mismo. Un sentimiento de horror hacia la guerra lo encontramos también en los versos de uno de los más destacados goliardos de entonces, el llamado Archipoeta de Colonia (1130- 1167), quien llegaría a exclamar “Me terruit labor militaris”. Y, al igual que el Archipoeta, la mayoría de los goliardos, esos clérigos-poetas, vagabundos y vividores que dejaron su especial impronta en la cultura europea, precisamente por ser hombres cultos y vitalistas, a la vez que indisciplinados y rebeldes a la normativa eclesiástica y a cualquier tipo de ley civil, proyectaron en sus poemas, en una dialéctica natural a su propia esencia, una imagen del hombre de armas llena de desdén. ¿Cómo no iba a ser así? Era lógico que en sus versos mostraran desprecio hacia los guerreros, hacia su ambiente, tan considerado alejado de la cultura, y hacia su forma de vida, donde la fuerza, el orden y el necesario sometimiento a la disciplina representaban los ejes fundamentales de su existencia, ajenos en todo al existir anárquico del goliardo. No obstante, en el tratamiento de la figura del caballero, del guerrero, y en consonancia también con su particular sentido de la ironía, los versos de los goliardos se tiñen de humor en los famosos “debates poéticos” o “justas entre el clérigo y el caballero” a la hora de medir, no tanto la destreza guerrera del caballero o la intelectual del clérigo-goliardo, como la capacidad que disfrutaba cada uno de ellos en su faceta de amante. El debate goliárdico más célebre sobre las distintas habilidades amatorias es la “Disputa entre Filis y Flora” que, con el paso del tiempo, tendría su versión castellana en la famosa “Disputa de Elena y María”. En él, por boca de Flora, el clérigo se muestra como el único poseedor de la razón y de la inteligencia frente a la 7  Traducción de la autora. Dada la complejidad que implica el verso, se han realizado a lo largo de los años varias traducciones; no obstante, las diferencias entre ellas son escasas, quedando reflejado siempre el especialísimo sentimiento del caballero-trovador. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 21-76. ISSN: 0482-5748


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