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Revista Historia Militar Extra 1 2018

228 FERNANDO RODAMILANS RAMOS Este pontífice amplió la predicación cruzadística a todas las tierras hispanas108, promoviendo la reconquista de los territorios que los almorávides habían logrado frenar o incluso amenazaban con revertir (Tarragona, Valencia, Zaragoza). En sendas bulas, Pascual II prohibió expresamente al rey Alfonso VI (14 de octubre de 1100), así como a todos los laicos y clérigos de sus reinos (25 de marzo de 1101) que acudiesen a la cruzada de Jerusalén, conmutando el voto por el de la lucha contra los sarracenos en la Península Ibérica109. El mismo Pascual II envió al cardenal Boso como legado para la cruzada de las Baleares en 1114, y como impulsor de la reconquista de Tarragona en 1116. Durante el atribulado pontificado de Gelasio II se celebró un concilio en Toulouse (1118) cuyo objetivo fue promocionar la via de Hispania110, presumiblemente en relación con la empresa reconquistadora de Zaragoza. Tras el Concordato de Worms (1122)111, el Papa Calixto II pudo convocar el I Concilio ecuménico de Letrán de 1123, cuyos cánones equipararon expresamente la Cruzada jerosolimitana con la de la Península Ibérica: “Por la autoridad apostólica mandamos que aquellos que se sepa que se dispusieron para la ruta jerosolimitana o hispana con una cruz en sus vestimentas, y que las han abandonado, que adopten de nuevo las cruces, y finalicen su camino a partir de la presente Pascua”112. Como puede observarse, en la bula Pastoralis officii era todavía más explícita la identificación de la cruzada del Oriente con la del Occidente en tierras hispanas. Con la intención de impulsar el avance de la reconquista, el Papa Calixto aprovechó la estrecha relación del arzobispo Olegario con el conde Ramón Berenguer III el Grande (1097-1131). Aunque los destinatarios de la bula eran todas las autoridades laicas y religiosas, a quienes se les encargaba la liberación de “la Iglesia de las Españas”, podría interpretarse que la misión de Olegario se circunscribía al avance de la reconquista por parte de los condes catalanes, con quienes el arzobispo legado mantenía una relación más directa. No obstante, sobre este extremo se planteará más adelante una 108  Urbano II había centrado su atención en el reino aragonés de Pedro I, feudatario de la Sede Apostólica, cuyos avances militares (Huesca, Barbastro) eran concebidos tanto por el Papado como por el propio rey como una auténtica cruzada. UTRILLA UTRILLA, J. F., “Conquista, guerra santa...”, pp. 109-111. 109  MIGNE, PL, CLXIII, Ep. XXVI, “Sicut de tua”, col. 45. Ibídem, Ep. XLIV, “Magnum vestrae”, cols. 64-65. 110  O’CALLAGHAN, Joseph F., Reconquest and Crusade in Medieval Spain, Filadelfia, Univ. of Pennsylvania Press, 2003, p. 37. 111  JAFFÉ, Regesta, I, Núm. 6986, p. 806; ROBERT, U., Bullaire du Pape Calixte II..., T. II, Doc. 313, pp. 63-64. 112  MANSI, XXI, c. XI, col. 284. Trad. de F. Rodamilans. FOREVILLE, Raimunda, Lateranense I, II y III, Vitoria, Ed. Eset, 1972 (1965), pp. 226-227. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 228-268. ISSN: 0482-5748


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