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Revista Historia Militar Extra 1 2018

EL ASCENDIENTE ECLESIÁSTICO EN EL LENGUAJE BÉLICO… 23 mente. Pero mientras me deje en paz, no me preocuparé de él. Vosotros todos, nobles y plebeyos, peregrinad a Tierra Santa; todos peregrináis: seguramente para santificaros ¿Y cómo es que cuando volvéis sois todos bandidos? Si no hubiera en medio más que un arroyo, lo saltaría o lo vadearía. Pero el agua es mucha y profunda entre aquí y Acre. Dios está en todas partes: para vosotros estará en Jerusalén, pero para mí está también en Francia”10. Pero si es cierto que la poesía lírica de la plenitud medieval nos ha dejado valiosos ejemplos de crítica abierta a la Cruzada, y a cualquier tipo de guerra, así como una visión del guerrero bastante menos idílica que la dibujada en los textos “oficiales” de origen laico o eclesiástico, también lo es que fueron estos últimos los que alcanzaron mayor predicamento, especialmente cuando salían de la pluma de intelectuales tan complejos y brillantes como San Bernardo (1090-1153), máximo representante de la mística especulativa. De todos es conocida la especial protección que Bernardo de Claraval brindó a la Orden del Templo, fundada por Hugo de Payens y reconocida por el papa Honorio III en 1127, con su “De laude novae militiae”. Pero el interés del Santo por reconducir la belicosidad e insistir en las bondades derivadas de la figura del caballero cristiano, que se enfrenta a los infieles para salvaguardar la fe de Cristo y la integridad de su Iglesia, no se detuvo en la composición del citado texto, sino que se proyectó también en otros de sus escritos. Sirva como ejemplo una de sus cartas, enviada tras el conocimiento de un nuevo fracaso sufrido por los cristianos en Tierra Santa y con el objetivo de reverdecer el ánimo cruzado. En ella se observan con nitidez buena parte de los elementos discursivos que, desde los tiempos de Urbano II, se venían empleando insistentemente y que, como luego se podrá comprobar, pueden reconocerse perfectamente en diferentes textos castellanos posteriores: pérdida de la tierra por los pecados de los cristianos; la crueldad de los enemigos de la cruz; la profanación de los lugares sagrados cristianos tras caer en manos islámicas; la obligación de recuperar las tierras que habían sido cristianas; la necesidad de renunciar a las guerras entre hermanos de fe y de poner el valor y la bravura de los caballeros cristianos al servicio de ésta y de la Iglesia; la recompensa obtenida tras la muerte en el campo de batalla luchando contra los infieles: “El mundo se ha estremecido, todo él se acaba de conmover con las dolorosas nuevas de que el Dios del cielo pierde su tierra, aquella, se en- 10  Traducción en Heer, Friedrich: El Mundo Medieval. Europa 1100-1350, Madrid, Guadarrama, 1963, pp. 162-163. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 23-76. ISSN: 0482-5748


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