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Revista Historia Militar Extra 1 2018

LOS LEGADOS PONTIFICIOS Y LA GUERRA EN LA PENÍNSULA… 249 ellos. Esto se manifestó con especial crudeza cuando Alfonso VIII alcanzó la mayoría de edad y quiso recuperar los territorios que leoneses y navarros le habían arrebatado. Entre el rey castellano y su tío Fernando II se llegó a un tratado de paz en el que actuaron como compromisarios los arzobispos de Toledo y Compostela, los obispos de Ciudad Rodrigo y Ávila, el maestre de Santiago y el prior de los Hospitalarios193. A pesar de las mutuas protecciones, de la entrega de plazas en prenda, de la vigilancia prevista y de las condenas eclesiásticas, las paces se quebrantaron y el rey Fernando se quejó ante Urbano III. Éste decidió dar un paso más y nombrar jueces pontificios para la causa a los arzobispos de Toledo y Compostela, junto con los obispos de Orense y Palencia. Les encargó buscar la pacificación por todos los medios194. La muerte de Fernando II (†22 de enero de 1188) facilitó la resolución del litigio. Entretanto, se había producido el desastre de Hattin y la pérdida del Reino de Jerusalén, de ahí el especial y urgente encargo que realizó el nuevo Papa Clemente III (19 de diciembre de 1187-1191) a Gonzalo de Toledo. Con fecha de 8 de mayo de 1188 encomendó al arzobispo toledano la consecución de una paz duradera que permitiera expulsar a los musulmanes del territorio195. Esta bula condensa buena parte de la doctrina pontificia que llevaba perfeccionándose desde los primeros tiempos de la Reforma Gregoriana en lo que atañe a la cruzada hispana. Resulta especialmente interesante que la comparación entre Oriente y Occidente sea inmediata y concreta. No es sólo que la via Hispaniae se equipare como destino cruzadístico y, por tanto, fuente de indulgencias, con la ruta a Tierra Santa, sino que Clemente III deja claro que lo que ha pasado en Jerusalén afecta directamente a España: la desunión entre los cristianos de Jerusalén es lo que ha causado la pérdida en Oriente, y podría suceder otro tanto en España, si los príncipes cristianos no deponen de inmediato sus enfrentamientos y se unen firmemente contra el Islam peninsular. Queda también manifiesto que desde el Papado se pretenden recuperar los lugares perdidos en Tierra Santa, para lo cual se ha promulgado la cruzada en los demás reinos occidentales, pero a los príncipes hispanos se les convoca a luchar contra los musulmanes en su propio frente; en este sentido sí se recoge la misma excepcionalidad de la via Hispanie que se encuentra en las bulas desde principios del s. XII. El texto de esta bula de 1188 reitera en varias ocasiones la necesidad de que se alcance al menos una tregua prolongada (de una década), a la que 193  GONZÁLEZ, J., Alfonso VIII..., T. II, Doc. 407, pp. 701-708. 194  RIVERA RECIO, J. F., La Iglesia de Toledo..., T. I, p. 220, n. 71. 195  Ibídem, T. I, pp. 222-223, n. 74. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 249-268. ISSN: 0482-5748


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