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Revista Historia Militar Extra 1 2018

284 IVÁN CURTO ADRADOS que vinieron por segunda vez, fueron exterminados en la costa de Galicia por el conde Pedro”56. Ninguna evidencia nos indica que, en estos dos primeros desembarcos vikingos en el litoral norte y noroeste de la Península, la Iglesia se viera afectada de alguna manera57, no obstante, no es descartable que los episodios –junto con las inquietantes noticias que debían llegar del norte de Europa– animaran posteriormente a Alfonso III a tomar ciertas medidas de fortificación en la catedral de San Salvador de Oviedo. Iglesia que, aunque ya debía estar murada en tiempos de Alfonso II (muerto en 862), debió reforzarse frente a la amenaza normanda según una inscripción conservada en la pared del crucero de la iglesia ovetense58 y un pergamino datado el 20 de enero de 905 que dice así: “En el nombre del Señor, Dios y Salvador nuestro Jesucristo, de todos los santos, de la gloriosa Santa María siempre Virgen con los Doce Apóstoles y demás santos mártires en cuyo honor este templo fue edificado en Oviedo por un religioso rey, al que, una vez muerto, sucede en el reino un príncipe, el cuarto de su linaje, igualmente llamado Alfonso, hijo del rey Ordoño de divina memoria. Éste mandó que se hiciera fortificación, junto con su mujer Jimena y sus cinco hijos, para mantener indemne la conservación de la defensa de la cámara del tesoro de esta santa Iglesia, como protección durante las acostumbradas incursiones de las gentes paganas del mar con su ejército pirático –ojalá no acontezcan– y hasta que se les pierda de vista”59. 56  “Eius tempore Lordomani iterum uenientes in Gallicie maritimis a Petro comite interfecti sunt”. Ibídem, pp.176 y 250. 57  La historiografía tradicional tendió durante años a relacionar, por equivocación, el ataque de 858 con un asalto a la sede episcopal gallega de Iria; acto harto improbable y del que no existe referencia documental ni cronística alguna como ya demostró Aguirre Cano, Víctor E.: “La presencia vikinga en el Cantábrico durante el siglo IX”, en AMEA. Anales de Historia Medieval de la Europa Atlántica, nº 2, 2015, pp. 30-33. 58  Cotarelo Valledor, Armando: Alfonso III el Magno. Último rey de Oviedo y primero de Galicia. Istmo, Madrid, 1991 1933, pp. 213-215. 59  Traducción del autor. “In nomine Domini Dei et Saluatoris nostri Ihesu Christi sive omnium sanctorum gloriose Sancte Marie semper Uirginis cum bissenis Apostolis ceterisque sanctis martiribus ob cuius honorem templum istud edificatum est in hunc locum Oueti a quodam religioso principe a cuius namque discessu usque nunc quartus ex illius prosapia in regno succedens consimilis nomine Adefonsus princeps diue memorie Ordonii regis filius, hanc edificari sanxit munitionem cum coniuge Xemena et quinque natis ad tuicionem muniminis thesauri aule huius sancte ecclesie residendum indemnem cauentes quod absit dum naualis gentilitas piratico solent exercitu properare ne uideatur aliquid deperire”. Conservado en copia del siglo XII. Editado por García Larragueta, Santos: Colección de Documentos de la Catedral de Oviedo. Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 1962, doc. 17, pp. 59-69. Cotarelo Valledor defendió que la obra de fortificación de San Salvador estaba ya acabada ca. 873 puesto que por esa fecha ya habían nacido los cinco hijos de Alfonso III. Sin embargo, es posible que haya que retrasar el momento de la conclusión –o incluso del inicio– de los trabajos, pues el mencionado documento de 905 es el primero en asociar el amurallamiento con la amenaza de Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 284-300. ISSN: 0482-5748


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