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Revista Historia Militar Extra 1 2018

28 ANA ARRANZ GUZMÁN que le fueron entregadas, o hacer figurar en la expedición un número de combatientes mayor al real, a efectos de racionamiento. La posibilidad de traicionar al rey cristiano también fue prevista, como en el fuero de Soria, donde se ordena al alcaide del castillo evitar las compañías de quienes “anden en deservicio del rey”18. Y lo mismo hay que decir respecto al desertor, “al que huye de la lid” frente al ejército enemigo o, simplemente, a quien se esconde por cobardía en el momento del combate. Un delito de traición muy especial que, por otro lado, se halla recogido en un sinfín de leyes de origen eclesiástico, tanto de concilios ecuménicos como de sínodos diocesanos, es el que perpetraba el traficante de determinadas mercancías con los enemigos, en concreto, el que “llevare armas a tierra de moros”, o caballos, según se recoge en los fueros de Cuenca, Béjar y Madrid19. En dichos fueros, así como en el de Zorita de los Canes, se trató también de una actividad delictiva especialmente dañina durante los enfrentamientos abiertos contra los musulmanes, la del espionaje, llevada a cabo por los denominados enaciados, “omes malos que van a descubrir a los moros lo que los cristianos puedan fazer”. Los valores cristianos se sienten igualmente en la legislación foral a la hora de considerar el tema de los cautivos y de su redención20. Pero, sin duda, las penas registradas de mayor dureza son las que se contemplan a la hora de sancionar a quienes han perpetrado graves daños a los hermanos de fe en combate, debido a las graves implicaciones morales que conllevaban, sobre todo si se trataba de un asesinato durante la hueste: “El que mate a otro, sea enterrado vivo bajo el muerto”21. Por último, no parece casual la escasa atención que se presta a la posibilidad de que un clérigo acudiese a la hueste, sobre todo si pensamos en las prohibiciones canónicas existentes al respecto. De todos es conocido la participación de eclesiásticos “con las armas en la mano” en numerosas batallas contra los musulmanes, pero a la hora de legislar siempre se impuso la cautela; de ahí, por ejemplo, que en un fuero tan detallado como el conquense sólo se haga una mínima referencia a sus actuaciones como capellanes, así como a la posibilidad de percibir una parte de lo obtenido en la hueste siempre y cuando hubieran concurrido22. 18  Fueros castellanos de Soria y de Alcalá de Henares, ed. de Galo Sánchez, p. 39. 19  Ed. de Millares y Galo Sánchez, Madrid, 1932, p. 45. 20  Fuero de Cuenca, XXX, 32, 33 y 34. 21  Ibid. XXX, 47. 22  Ibid. XXX, 51. Un ejemplo sobre la participación armada de los prelados y de las disposiciones canónicas al respecto en: Arranz Guzmán, Ana: “Lorigas y báculos: la intervención militar del episcopado castellano en las batallas de Alfonso XI”, en Revista de Historia Militar, 112, 2012, pp. 11-63. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 28-76. ISSN: 0482-5748


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