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Revista Historia Militar Extra 1 2018

LA IGLESIA DEL OCCIDENTE EUROPEO FRENTE A LAS INCURSIONES… 289 salir prácticamente incólume gracias a que el obispo del lugar –llamado Hermenegildo– decidió capitanear la defensa dentro del recinto amurallado que desde el siglo III protegía el enclave lucense85. Otras sedes episcopales gallegas que en su momento creyó el padre Flórez que fueron destruidas en este ataque –Orense y Tuy–, no parece que experimentaran disrupción alguna hasta principios del siglo XI según muestra la evidencia documental86. Transcurrido el año de depredaciones, los vikingos de Gunderedo –conforme a la crónica de Sampiro87– se replegaron con la intención de abandonar Galicia con el botín conseguido cuando fueron atacados por las tropas de cierto conde llamado Guillermo Sánchez. Junto al comes, el monje hagiógrafo Ordoño de Celanova colocó, capitaneando al ejército, a un achacoso obispo San Rosendo que había heredado la mitra iriense tras la muerte de Sisnando II88. El párrafo que afirma la participación militar de Rosendo está tan plagado de inexactitudes históricas y referencias indemostrables que debe ser inmediatamente descartado y tomado como ficción construida89, no obstante, es una prueba manifiesta de que, para el monje Ordoño, el ejercicio bélico de un obispo en defensa de la cristiandad era un acto loable, no condenable: “En el tiempo en que San Rosendo regía la iglesia de Iria, según se asegura, casi toda Galicia fue invadida por una multitud de normandos, y la provincia de Portugal fue devastada por una fuerte incursión de sarracenos; el rey Sancho se encontraba ocupado en la región 85  Así lo afirma un documento interpolado del Tumbo Viejo de Lugo. Pese a los evidentes problemas diplomáticos, la excepcionalidad del relato nos hace dar veracidad a lo expuesto en dicho instrumento. López Sangil, José L. y Vidán Torreira, Manuel: “Tumbo Viejo de Lugo (Transcripción completa)”, en Estudios Mindonienses, nº 27, 2011, doc. 82, pp. 175-176. 86  Así lo creyó Flórez, Enrique: España Sagrada. Antonio Martín, Madrid, 1763, tomo XVII, pag. 76. Sin embargo, el abandono de las diócesis de Tuy y Orense no se produjo hasta principios del siglo XI. Observando la documentación episcopal de dichas sedes, observamos que sus obispos siguieron confirmando pergaminos sin ninguna novedad durante décadas, produciéndose su relevo en la mitra con total normalidad. García Álvarez, Manuel R., “Sobre el episcopado de Viliulfo en Tuy”, en El Museo de Pontevedra, vol. IX, 1955, pp. 67-90. Carriedo Tejedo, Manuel: “Episcopologio auriense, de 905 a 1045”, en Cuadernos de Estudios Gallegos, vol. 47, nº 112, 2000, pp. 82-85. 87  Pérez De Urbel, Justo y González Ruíz-Zorrilla, Atilano: op. cit., pag. 171. 88  Rosendo debió nacer en la primera década el siglo X. Existe un estudio forense de los restos del santo que reveló que sufrió de osteo-artritis reumatoidea crónica en pies y manos. Carro Otero, José: “Estudio anatomo-antropológico”, en Díaz y Díaz, Manuel; Pardo Gómez, María Virtudes y Vilariño Pintos, Daría eds.: Vida y milagros de San Rosendo. Galicia Editorial, La Coruña, 1990, pp. 323-325. 89  Así lo afirman los propios editores del texto, con quienes coincidimos plenamente. Díaz y Díaz, Manuel; Pardo Gómez, María Virtudes y Vilariño Pintos, Daría eds.: Vida y milagros de San Rosendo. Galicia Editorial, La Coruña, 1990, nota 43, p. 133; nota 42, p. 131. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 289-300. ISSN: 0482-5748


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