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Revista Historia Militar Extra 1 2018

32 ANA ARRANZ GUZMÁN señas de identidad en las obras didácticas y jurídicas elaboradas a partir de entonces, impulsadas desde la propia monarquía y que, con el paso del tiempo, acabaron por configurar el pensamiento político de la época. Se trataba de alcanzar dos propósitos fundamentales: por un lado, expandir la esfera de autoridad y de capacidad de intervención de la corona en orden a establecer un claro principio de superioridad política frente a otras instancias de poder, muchas veces problemáticas o levantiscas; por otro, conseguir que la población del reino en su conjunto se identificara con esas señas de identidad propuestas y fomentadas desde la institución monárquica y que, con el paso del tiempo, acabarían siendo el germen de la noción de “comunidad política”. Para la consecución de ambos proyectos, la utilización de un determinado lenguaje y de un tipo de discurso específico iban a resultar esenciales. Un lenguaje cargado de imágenes y conceptos de origen sagrado y eclesiástico que fue adoptado por los autores de los “espejos de príncipes” y, por supuesto, incorporado en la normativa legal. Había que potenciar el sentimiento de pertenencia a una determinada comunidad política, el reino de Castilla. En este proceso desempeñaron un papel relevante ciertos factores, como el lingüístico, al irse oficializando el castellano en la práctica administrativa; o el factor jurídico, centrado en alcanzar una preminencia indiscutible de la “lex regia”; o el histórico, desarrollado especialmente a través de algunas crónicas compuestas al calor de la gran etapa reconquistadora. Me refiero, en este último caso, a las obras de dos autores que acuñaron una serie de ideas y principios que harían fortuna en los “espejos de príncipes” castellanos y en los ordenamientos legales del bajo medievo, sobre todo en relación con el tema bélico. Se trata de los célebres Lucas de Tuy y Rodrigo Jiménez de Rada. Ambos autores fueron testigos de los momentos de expansión territorial de Castilla como consecuencia de las grandes victorias obtenidas frente al Islam, dejándonos en sus crónicas una serie de términos, enfoques y reflexiones sobre la guerra fundamentales para el ideario político que se estaba fraguando en la propia corte. Un ideario que Alfonso X sintetizó en su obra historiográfica y legislativa y que pasaría a las reuniones de Cortes a partir del siglo XIV. Me refiero a ideas tales como: la reivindicación de la España visigoda, perdida tras la llegada de los musulmanes; la necesidad de recuperar la “sanctissima patria”, de acuerdo con la terminología utilizada por Lucas de Tuy; la exaltación del rey castellano guerrero, vencedor de los infieles y celador de la fe cristiana, o de determinadas batallas victoriosas, en especial las protagonizadas por Alfonso VIII y Fernando III. Pero, al margen de estas brevísimas pinceladas sobre las aportaciones cronísticas de la época, nuestro interés primordial gira en torno a las imágenes más relevantes proporcionadas en las obras de literatura especular de Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 32-76. ISSN: 0482-5748


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