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Revista Historia Militar Extra 1 2018

EL ASCENDIENTE ECLESIÁSTICO EN EL LENGUAJE BÉLICO… 37 e las más maneras e provechos que tienes para ello, e las gentes e el tiempo e las cosas que te pueden enbargar(…) E por ende primeramente ante de todas las cosas pon tus fechos en Dios e en su gloriosa Madre, e encomiéndate a Él, que a Él se debe la paz de la tierra, e todos los malos sojuzga, e Él es el Señor de las Batallas, e syenpre creçerá tu nombre, e tu estado yrá adelante todos tienpos (…) Lo terçero, tu entençión sea más de creçer en la ley de Dios que non por aver glorias mundanales, e por aquí averás más aýna perfeçión de todo”38. El texto seleccionado no puede estar en mayor consonancia con los principios recogidos en los discursos de origen eclesiástico de la plenitud medieval: Dios es el único Señor de las batallas; el buen rey ha de emprender siempre guerras justas y encomendarse a Dios y a la Virgen; el objetivo no han de ser las glorias mundanas, sino seguir el camino marcado por la ley divina. Por otro lado, en el resto de los capítulos dedicados a la milicia se puede observar con facilidad la “moralización” que los envuelve. No se trata sólo de describir la hueste, la cabalgada o las destrezas militares de caballeros y distintos oficiales, sino de transmitir también la finalidad última que debe guiar la empresa: restituir a la Cristiandad peninsular los territorios de los que ilegítimamente se habían apropiado los musulmanes. La influencia del lenguaje cristiano, siempre puesto en relación con las acciones de la monarquía castellana, también la reconquistadora, se observa en otros muchos párrafos de la obra. Así, por señalar solo unos casos, en el prólogo se hace referencia a la tradición litúrgica de la epifanía, utilizando el ejemplo de la adoración de los Reyes Magos guiados por Cristo para desear este mismo guía al monarca. Y lo mismo hay que decir respecto a la mención que se hace del jefe cruzado Godofredo de Bouillon, como modelo de guerrero casto, cuya forma de vida tenía que imitar el buen monarca, o a los valores éticos que debían adornar los efectivos del ejército cristiano39. Un último ejemplo, comentado por J. K. Walsh en su edición crítica, se observa en la presentación de las virtudes unidas a la alegoría cristiana, bajo el conocido “tema de la loriga”, donde se muestran como armas contra los vicios enemigos bajo símbolos militares: “lealtança es muro firme”, “lealtança es fermosa armadura”, “esfuerço y fortaleza son señores de las batallas”, “temprança es escudo azerado de confondimiento e destruymiento de sobervia”, “temprança es morada segura e torre firma”, “largeça es seño- 38  Cap. XXVII, pp. 98-99. 39  Cap. VII, líneas 15-18 y cap. XXIX. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 37-76. ISSN: 0482-5748


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