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Revista Historia Militar Extra 1 2018

42 ANA ARRANZ GUZMÁN De todos es conocido cómo la legislación canónica se mantuvo inalterable a lo largo de los siglos sobre el tema de la participación armada de los clérigos en los enfrentamientos armados, prohibiéndoles siempre derramar sangre. Sólo se les permitía acudir al campo de batalla para atender espiritualmente a la tropa, para orar por la victoria durante el combate, y para celebrarla, en su caso, con misas y procesiones dando gracias a Dios. Y del mismo modo opinaron los canonistas y demás intelectuales eclesiásticos, como Gregorio de Tours, Fulberto de Chartres, Burchard de Worms, Graciano o Santo Tomás51. Pero también, de todos es sabido que fueron muchos los prelados que empuñaron las armas en tiempos de guerra, y que en Castilla, concretamente, prevaleció la idea alfonsí de las Partidas entre el común de la población de lo oportuno de su entrada en combate contra los “enemigos de la fe católica”52. La segunda ley a la que nos referimos se ocupa del tema de las posibles profanaciones realizadas por musulmanes y judíos, como escupir a las imágenes de Cristo, de la Virgen o a los altares de las iglesias: “…que los judíos nin los moros, a quien nos consentimos que vivan en nuestra tierra non creyendo en nuestra fe, que non finquen sin pena si demostraren o ficieren alguna cosa de fecho paladinamente contra nuestro señor Jesucristo o contra Santa María su Madre o contra la nuestra fe católica que es tan santa cosa et tan buena e tan verdadera… ca cualquier que contra esto ficiere, escarmentárgelo hemos en el cuerpo et en el haber segunt entendiéremos que lo merece por el yerro que se ficiese”53. Al mismo tiempo, sin embargo, Alfonso X, siguiendo también las directrices marcadas por la Iglesia de Roma, se refiere a la manera en que ha de procurarse la evangelización de “los moros”: 51  Esta prohibición aparece en multitud de concilios hispanos. Valgan como ejemplo los siguientes: IV concilio de Toledo del año 633, el III de Mérida de 666, el de Coyanza de 1055, o el de León, por señalar solo algunos, Cf. Vives, Juan: Concilios visigóticos e hispano-romanos, Barcelona, 1963, y Tejada y Ramiro, Juan: Colección de cánones y de todos los concilios de la Iglesia española, vol. III, Madrid, 1851. Más trascendental todavía, dado su carácter ecuménico, es el hecho de que Inocencio III dejara bien claro en la convocatoria de la cruzada realizada en el IV concilio de Letrán de 1215 que los eclesiásticos que se incorporaran a la misma sólo podían dedicarse a la plegaria y a la predicación, nunca a empuñar las armas, cf. Foreville, Raimunda: Historia de los concilios ecuménicos. Lateranense IV, Vitoria, 1973, p. 204. 52  Una representativa intervención militar del episcopado en la guerra contra los musulmanes tuvo lugar en el reinado de Alfonso XI, cf. Arranz Guzmán, Ana: “Lorigas y báculos: la intervención militar del episcopado castellano en las batallas de Alfonso XI”, en Revista de Historia Militar, 112, 2012, pp. 11-63. 53  Ibid. VII, XXVIII, VI. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 42-76. ISSN: 0482-5748


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