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Revista Historia Militar Extra 1 2018

50 ANA ARRANZ GUZMÁN textos bélicos y culturales concretos, obedecían fundamentalmente a los deseos de la autoridad regia de cada momento. Una autoridad que fijaba sus decisiones sólo con el asesoramiento de los expertos, a quienes confiaba la redacción de los textos teniendo en consideración, bien las necesidades que habían sido ya constatadas en las empresas bélicas llevadas a cabo con anterioridad, bien los propios deseos de la monarquía, como en el caso de Alfonso X, por unificar la normativa y dotarla de un lenguaje mucho más intelectual y simbólico que sirviera, a su vez, para potenciar la figura del rey en todas sus actividades, también como actor imprescindible de la “Guerra Justa” en Castilla. Sin embargo, al analizar las actas de las Cortes, uno puede apreciar en seguida que se halla ante un escenario totalmente distinto al contemplado hasta el momento, en el que el contenido teórico constituía el factor fundamental. Porque el lenguaje utilizado y las reflexiones regias en torno a la guerra y al ejército, recogidos en las actas, ya no obedecían únicamente al propósito de comunicar a los representantes de las ciudades las nuevas medidas de organización militar a adoptar, o su intención de emprender otra ofensiva bélica, sino que están profundamente condicionadas por el deseo y, sobre todo, por la urgencia de lograr la votación favorable de servicios extraordinarios, imprescindibles para financiar la guerra contra los musulmanes; aunque, como es bien conocido, en no pocas ocasiones ésta no representara más que una excusa para recibir dinero y destinarlo después a fines bien distintos, como comprar voluntades o costear alguna boda real, por poner solo dos ejemplos. Es cierto que desde Alfonso XI los grandes ordenamientos legislativos fueron presentados ante las Cortes y que, a su vez, éstas eran aprovechadas por los procuradores de las ciudades para elevar sus quejas de manera pública ante los otros dos estamentos pero, según acabamos de señalar, en la mayoría de las ocasiones, a excepción de las reunidas al iniciarse cada nuevo reinado, eran convocadas por los monarcas o sus tutores con el propósito primordial, y a veces único, de obtener nuevos ingresos. No parece necesario insistir en el hecho de que uno de los elementos fundamentales en la construcción del estado moderno lo constituyó el progresivo control del monopolio fiscal ejercido por las diferentes monarquías desde las últimas décadas del siglo XII67. Y lo mismo hay que decir respecto a las discusiones y enfrentamientos generados entre los distintos grupos de poder por las innovaciones en materia fiscal presentadas por los sucesivos monarcas ante las Cortes, aunque, finalmente, no lograran impedir su consolidación, y con ello el que adquirieran el rango de 67  Para conocer su largo proceso en Castilla son imprescindibles los trabajos de Ladero Quesada, Miguel Ángel: Fiscalidad y poder real en Castilla (1252-1369), Madrid, 1993 y La Hacienda Real en Castilla, 1369-1504, Madrid, 2009. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 50-76. ISSN: 0482-5748


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