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Revista Historia Militar Extra 1 2018

52 ANA ARRANZ GUZMÁN términos, expresiones y referencias empleadas por el monarca en el discurso explicativo de la convocatoria en la apertura de las sesiones y también en las respuestas dadas a los ciudadanos, en los denominados “cuadernos de peticiones”, cuando se lamentaban ante las constantes imposiciones tributarias; otro, por la propia participación de los prelados apoyando la solicitud del rey, bien a través de su mera presencia física como factor legitimador de primer orden, bien por su colaboración directa en la redacción de los ordenamientos y de los discursos reales, concebidos con el objetivo de recaudar subsidios extraordinarios para la Guerra del Estrecho. En el primer grupo se encuentran un buen número de términos y referencias con destacadas connotaciones religiosas. Entre ellas hay que subrayar, en primer lugar, las alusiones al pasado histórico del reino, en concreto, a las relacionadas con la “ilegítima usurpación” de los musulmanes del territorio peninsular, y a las victorias guerreras de los monarcas castellanos contra ellos, mostrándolos como grandes jefes militares y cabezas visibles de la caballería del reino. Desde la conquista islámica del año 711, los sucesivos reyes cristianos habían centrado sus esfuerzos en revertir la situación provocada con la llegada de los invasores, a la vez que los cronistas y escritores, en general, entendieron e interpretaron la historia peninsular como un largo proceso de restauración de la unidad territorial y política de la Cristiandad hispana alcanzada por los visigodos, que no concluiría hasta la expulsión definitiva de los “moros”. De esta manera, la Reconquista, a pesar de todos los inconvenientes que se puedan esgrimir a la hora de utilizar el término, acabó por definir la Edad Media peninsular71. La necesidad de conquistar y, posteriormente, de repoblar los territorios arrebatados por los musulmanes en el pasado concernía al conjunto de los castellanos, auténticos herederos delegado, eclesiástico o laico, las actas de Cortes, en concreto, no siempre resultan demasiado explícitas a la hora de conocer los discursos solemnes efectuados ante los ciudadanos, hasta el extremo de no hallarse recogidos en las mismas, incluso en tiempos posteriores. Sirva como ejemplo el magnífico discurso que pronunció el obispo de Palencia, don Sancho de Rojas, en las Cortes de Segovia de 1407 en apoyo del infante don Fernando, el de Antequera, tutor de Juan II, que deseaba iniciar una gran ofensiva bélica contra los musulmanes para lo que precisaba financiación. En la exhortación del obispo aparecen todos los elementos propagandísticos posibles para procurar el respaldo de los procuradores a la campaña bélica anunciada: virtudes personales del infante; guerra contra los musulmanes como servicio a Dios y al monarca; guerra santa y justa; necesidad de la guerra para procurar el “bien común”; obligación moral de los ciudadanos de respaldar la guerra…Sin embargo, su conocimiento no lo tenemos por las actas, sino por la Crónica de Juan II, cap. VIII, p. 281. 71  “Ningún pueblo europeo ha llevado a cabo una aventura tan dilatada y tan monocorde como la que implicó la reconquista y la repoblación del solar nacional, desde Covadonga (722) hasta Granada (1492)”. Desde la publicación estas palabras de Sánchez Albornoz, Claudio: España, un enigma histórico, vol. I, p. 16, el debate historiográfico sobre el término ha sido constante. Un completo recorrido sobre su interpretación, en García Fitz, Francisco: La Reconquista, Universidad de Granada, 2010. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 52-76. ISSN: 0482-5748


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