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Revista Historia Militar Extra 1 2018

EL ASCENDIENTE ECLESIÁSTICO EN EL LENGUAJE BÉLICO… 55 “A esto rrespondemos que estos servicios quelos pechen todos ssegunt los pecharon este anno pasado, que nos es muy gran mester para esta yda de la frontera que ymos en servicio de Dios e del rey e que non se escusse ninguno de pechar”77. Pero las exacciones fiscales eran constantes y, con ellas, la renovación de lamentaciones y quejas por parte de los procuradores. Se hacía preciso, pues, esgrimir argumentos cada vez más consistentes para justificar la legitimidad de cada nueva demanda económica. Para ello se utilizaron algunos de los principios que la escolástica había señalado respecto a las imposiciones tributarias y, de manera especial, a la “causa impositionis” o causa final, fundamentando las aportaciones económicas solicitadas con argumentos éticos y religiosos. Entre éstos han de subrayarse el de “bien común” y el relacionado con el excepcional servicio que los castellanos prestaban al conjunto de la Cristiandad por mantener abierto el frente bélico contra el Islam peninsular. En su Suma teológica Santo Tomás había introducido la idea del “bien común” como argumento reconocido de la guerra. Así, destruir al enemigo, acabar con los infieles, podía justificarse si de ello se derivaba un bien mayor para la comunidad que, además, en el caso de la guerra contra Granada superaba el marco castellano, ya que repercutía en el conjunto de creyentes que constituían la Iglesia de Cristo. De ahí que, en las actas de Cortes, en las solicitudes económicas para la guerra de los sucesivos monarcas, aparezcan expresiones tales como: “tierra ensuciada por la secta mahomética”, “Dios ayuda en la guerra”, “tierra recobrada”, “rey celador de la fe cristiana”. Sin embargo, pese al progresivo enriquecimiento del lenguaje con argumentos de carácter religioso, nunca dejaron de oírse las quejas de los procuradores de las ciudades ante cualquier nueva imposición, ni sus denuncias por la desviación de los fondos recaudados para la guerra y la imposibilidad de fiscalizar el gasto de la hacienda regia. La resistencia que generaron las innovaciones fiscales, en especial las de carácter extraordinario, establecidas por Alfonso X entre los años 1269 y 1277, y mantenidas por sus sucesores, quedó reflejada en las actas de Cortes. Todos los monarcas las solían justificar por los gastos que ocasionaba la guerra contra Granada, según ya apuntamos. Pero lo cierto es que, al margen de que el destino efectivo fuera la guerra en la frontera o la atención de otras necesidades, casi siempre ocultadas por la monarquía, la presión económica que representaban para los “pecheros” siempre constituyó uno de los elementos generadores de quejas más importantes. De ahí que, transcurridos los primeros años desde la Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 55-76. ISSN: 0482-5748 77  Cortes, I, p. 333.


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