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Revista Historia Militar Extra 1 2018

58 ANA ARRANZ GUZMÁN “…sentiendo nos mucho dela perdida que nos tomavamos en las muertes que acaesçian entre los nuestros fijos dalgo como avemos mui gran rrazon delo fazer por muchos servicios granados que tomaron dellos los reys onde nos venimos en las grandes conquistas e enlas grandes guerras e menesteres que ovieron. E otrosy por muchos buenos servicios que fezieron a nos después que regnamos acá en las conquistas que fezimos delos moros…”82. Para llevar a cabo una gran campaña contra granadinos y norteafricanos era preciso desviar la violencia perpetrada por determinados miembros de la nobleza hacia la frontera del sur. La guerra entre hermanos de fe ya había sido denunciada por Urbano II en el concilio de Clermont, hacía más de dos siglos, con el propósito de que los nobles cristianos acudieran a la Cruzada de Oriente; ahora, en la Castilla bajomedieval, había que presentar un discurso similar. Y lo cierto es que en este objetivo de Guerra Santa Alfonso XI iba a contar con un apoyo de la Iglesia y una movilización del episcopado castellano muy superiores a los conocidos hasta el momento. Personajes como el arzobispo de Toledo Gil de Albornoz o el obispo de Mondoñedo Álvaro Pérez de Biedma se mostrarían como grandes guerreros y estrategas a lo largo de la Guerra del Estrecho. Esto no quita, sin embargo, que los procuradores de las ciudades siguieran presentando ante las Cortes las miserias generadas durante la guerra y cerco de Algeciras, en torno a los abusos perpetrados por los recaudadores de las tercias y alcabalas y los engaños y abusos de caballeros y escuderos de la hueste en relación con sus soldadas; lo que chocaba abiertamente con la imagen altruista que desde la institución monárquica se pretendía siempre transmitir83. Curiosamente, sin embargo, sería después de la muerte de Alfonso XI en Gibraltar a causa de la peste y, tras sus exitosas batallas contra los musulmanes en la Guerra del Estrecho, cuando la influencia del lenguaje religioso y eclesiástico adquiriría un peso mucho mayor en los discursos ante las Cortes. Porque las guerras que se abrieron entonces ya no eran contra estos enemigos tradicionales, sino contra hermanos de fe, lo que hacía imprescindible el empleo de recursos mucho más elaborados en los discursos pronunciados ante estas asambleas generales, ya que el propósito seguía siendo idéntico: lograr convencer a los procuradores de la necesidad para Castilla de la guerra proyectada y, con ello, que se siguieran votando servicios extraordinarios para su financiación, del mismo modo que antes se había hecho para luchar contra Granada. 82  Cortes, I, p. 444. 83  Cortes, I, pp. 458, 479, 481. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 58-76. ISSN: 0482-5748


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