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Revista Historia Militar Extra 1 2018

EL ASCENDIENTE ECLESIÁSTICO EN EL LENGUAJE BÉLICO… 61 “humildad” en el rey, o la obligación de seguir firmemente los mandamientos de Dios, por ejemplo, pasaron en ellos a un primer plano. En las Cortes de Briviesca de 1387, especialmente ricas en imágenes religiosas, Juan I ordenó toda una serie de disposiciones en este sentido. Así, dispuso que a su llegada a cualquier villa o ciudad no se le saliera a recibir con la cruz alzada, pasando a ser él quien se acercara a la iglesia para venerarla porque “… non es bien fecho nin es rrazon que la figura del Rrey de los Rreyes salga a nos que somos Rey de tierra e nada a rrespeto dell”90. Igualmente, mandó hacer procesiones y misas por todo el reino y dar limosna y ropa a cuarenta pobres en honor a la Santa Trinidad y por las muchas mercedes recibidas de Dios91. En un tono más intelectual, haciendo referencia a una de las leyes de las Partidas, arremetió contra aquellos que “cataban en agüeros e adevinanzas e suertes e otras muchas maneras de sorterias, de las quales se han seguido e se siguen muchos males, lo uno en pasar el mandamiento de Dios e fazer pecado manifiesto, e lo otro porque por algunos agoreros e adivinos e otros que se fazian astrólogos se ha seguido a nos deservicio e fueron ocasión porque algunos nos errasen…”92. No hace falta recordar que, ante enfrentamientos bélicos inminentes, este tipo de prácticas de origen pagano se han venido realizando por monarcas y jefes de estado hasta nuestros días. El propio Juan I, un hombre especialmente devoto y potenciador de la reforma eclesiástica en Castilla, no dudó en reconocer la realización de tales prácticas en tiempos de guerra, a pesar de ser contrarias a los mandamientos de Dios y a los dictados de la Iglesia, y que, al final, solo propiciaron que “algunos nos errasen”. El principio de “bien común”, “provecho comunal” o “pro comunal”, disfrutó durante este reinado de una proyección muy especial en las actas de Cortes. Con esta expresión, ya mencionada, se hacía referencia a la necesidad de que el interés común de Castilla pesara en la acción gubernativa más que cualquier otro particular, incluyendo el del propio monarca. Se trata, pues, de un concepto con indiscutible proyección política, aunque todavía en esta época seguía teniendo más que nada connotaciones de carácter moral. Su desarrollo se puede observar en los discursos reales de Cortes en atención a tres ideas fundamentales de muy distinto calado político. La primera, en una línea algo más arcaica, señala al monarca como guía moral indiscutible del reino: 90  Cortes, II, p. 363. 91  Cortes, II, pp. 379-380. 92  Cortes, II, p. 365. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 61-76. ISSN: 0482-5748


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