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Revista Historia Militar Extra 1 2018

EL ASCENDIENTE ECLESIÁSTICO EN EL LENGUAJE BÉLICO… 63 concepto de “bien común”. La constitución del Consejo real estable en las Cortes vallisoletanas de 1385 cobra en este contexto su pleno sentido, ya que en las mismas actas el monarca se lamenta de que “de nos se dize que fazemos las cosas por nuestra cabeça e syn consejo”95. Los motivos de la creación del Consejo de doce miembros, entre los que se encontraban los arzobispos de Toledo, Santiago y Sevilla, además del obispo de Burgos, fueron debidamente descritos ante los procuradores. Entre los argumentos subrayados, cabe destacar para el tema ahora tratado dos: uno, el hecho de poder estar debidamente aconsejado ante la posibilidad de una nueva guerra y el que los propios consejeros pudieran tomar decisiones al respecto; dos -y con él entraríamos de pleno en el discurso plagado de imágenes religiosas- seguir el ejemplo de Moisés, cuando se dejó asesorar por su suegro al salir de Egipto, de acuerdo con el relato bíblico: “E commo quier que por todas estas rrazones dichas nos fuimos movido a fazer esta dicha ordenança, en pero aun nos movimos e ovimos voluntad delo assy fazer e ordenar, porque sabemos que assy se usa en otros muchos rregnos, e esto fizo el santo Moysen el qual Dios establesçio por mayor rregidor e guyador del pueblo de Ysrrael quando lo sacó de Egipto por consejo de Getro su suegro, según que se lee en la Brivia…”96 La última idea relacionada con el concepto de “bien común” hace referencia a la obligación del clero de contribuir a la defensa del reino, tanto con sus personas como a través de contribuciones económicas, de acuerdo a la ordenanza presentada por Juan I en las Cortes vallisoletanas de 1385 y repetida en las de Guadalajara de 1390, en donde, de nuevo, el discurso se adorna con imágenes religiosas, identificándose, por ejemplo, las “asechanzas del diablo” con las de los enemigos físicos del reino: “Commo todos los omnes deven estar armados de armas espirituales para sse defender delas asechanzas del diablo ssegunt la Santa Escritura, bien asi los que an guerra deven estar armados de armas temporales para sse defender de ssus enemigos e para los conquistar con la ayuda de Dios; por ende ordenamos e mandamos que todos los de nuestros rregnos, asi clerigos como leygos, e de qualquier ley o condiçion que sean, que ayan de veinte annos arriba e de ssessenta Ayuso, sean tenudos de aver e tener armas en esta guisa…”97. 95  Cortes, II, p. 333. 96  Cortes, II, pp. 334-335. 97  Cortes, II, pp. 315 y 464. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 63-76. ISSN: 0482-5748


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