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Revista Historia Militar Extra 1 2018

64 ANA ARRANZ GUZMÁN Pero, al margen de que Juan I siguiera utilizando toda la serie de argumentos que sus predecesores en el trono habían esgrimido con anterioridad para obtener la aprobación en Cortes de servicios extraordinarios y financiar la guerra contra los musulmanes, el monarca castellano tuvo que hilar mucho más fino para conseguir nuevos ingresos y poder costear la guerra contra Portugal y el duque de Lancaster. Ambos episodios son la clave del especialísimo lenguaje bélico, de clara inspiración religiosa y eclesiástica, que recorren las actas de las Cortes celebradas a partir de 1385. Tras Aljubarrota, Juan I tomó conciencia, por un lado, de las reformas que precisaba el ejército castellano, derrotado por los portugueses a pesar de su superioridad numérica y, por otro, de que debía sincerarse ante las Cortes y dirigirse a los procuradores con unos argumentos mucho más sofisticados que los utilizados hasta el momento para lograr su aprobación a las reformas militares que anunciaba, a la vez que su respaldo financiero98. Son varios los argumentos e imágenes de carácter religioso que salpican el cuaderno de leyes y peticiones otorgado por Juan I en las Cortes de Valladolid de 1385, por lo que parece oportuno hacer una síntesis de los más destacados. La primera es la imagen de rey-legislador. La función de legislar formaba parte esencial del gobierno de su reino, encomendado por Dios; y tal tarea debía desempeñarse en tiempos de paz y también durante los tiempos difíciles de la guerra, como era aquel momento. Por otro lado, continuaba el monarca en su discurso, de igual manera que en las Cortes anteriores realizadas en Segovia “feziemos algunas leyes que tannian a la fe católica a que somos todos tenudos a guardar”, ahora correspondía hacer lo mismo en relación a los asuntos militares por ser tan necesarios para la guarda del reino. Se trataba, además, como se apuntó antes, que todos los hombres, clérigos y legos, debían estar armados de armas espirituales para vencer al diablo, y también de armas materiales para vencer a los enemigos de Castilla99. La segunda imagen, en este caso especialmente visual, es la del rey que se presenta ante los procuradores vestido de luto, para asumir humildemente su responsabilidad en la derrota militar frente a Portugal. La explicación que ofrece a los convocados sobre el porqué de sus ropajes es la de un hombre católico que se culpa del fracaso militar por sus pecados, porque “tenemos que erramos a Dios”. La enumeración de dichos pecados 98  Sobre las reformas y ordenanzas militares llevadas ante las Cortes por Juan I vid. Arranz Guzmán, Ana: “Las raíces de las ordenanzas militares en la Castilla medieval” en Revista de Historia Militar. Nº extraordinario Ordenanzas Militares de los Austrias, 2017, pp. 15-58, en concreto, pp. 44-54. Para el conjunto del reinado de este monarca sigue siendo fundamental el estudio de Suárez Fernández, Luis: Historia del reinado de Juan I de Castilla, Burgos, 1977. 99  Cortes, II, pp. 314-315. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2018, pp. 64-76. ISSN: 0482-5748


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